3.3. Intervención general en ACT

Como alternativa a la evitación experiencial -a los intentos de regulación cognitiva y emocional para poder vivir, ACT plantea la aceptación psicológica, el estar dispuesto a notar, a contactar, a sentir y pensar lo que traigan, en cada momento, las circunstancias actuales según la historia personal. Es estar dispuesto a aceptar las sensaciones y pensamientos problemáticos (en el ejemplo anterior, pensar que tengo una imagen desagradable, no sentirse capaz para hacer bien su trabajo etc.), siempre y cuando hacerlo esté en relación con cosas valiosas para la persona (ir a su trabajo todos los días, relacionarse con gente, tener citas con chicos, etc.). En ACT, el cambio de los eventos privados aversivos (por ejemplo, eliminar el pensamiento de sentirse inferior) no es el objetivo primario del cambio terapéutico, como sí lo sería desde el modelo cognitivo tradicional, o las terapias denominadas de segunda generación (Hayes, 2004). El objetivo esencial es alterar su función, cambiando el contexto en el que dichos eventos privados ocurren. Es decir, ACT se dirige a romper la reacción literal ineficaz, socialmente establecida en la historia personal, entre lo que se piensa, lo que se siente y lo que se hace. Se intenta que la persona tenga una actuación ajustada a lo que las condiciones demandan según lo que valore para su vida. El resultado es una reacción a los eventos privados (pensamientos, sensaciones, sentimientos, etc.) más flexible y ajustada, en la cual la persona no tenga que necesariamente evitar o escapar de lo que siente/piensa, sino que pueda elegir de forma responsable qué hacer en cada circunstancia según lo que valore verdaderamente como relevante para ella. En el tratamiento de las adicciones, el objetivo central en ACT es ayudar a los clientes a establecer contacto con el centro de sus dificultades -ir a la raíz del problema y desde ahí, trabajar para que el cliente construya la vida que para él tenga sentido, y que puede no tener nada que ver con lo que los demás piensan o quieran para ellos mismos. Para ello, el trabajo durante la sesión se dirigirá al entrenamiento para afrontar las barreras cognitivas y emocionales asociadas a dejar de consumir, siendo éste un objetivo elegido por el cliente porque le dirige a actuaciones de valor personal. Para la consecución de este objetivo principal, el cliente no sólo tendrá que aprender a tomar contacto con el centro de sus dificultades y debilidades, sino que tendrá que apreciar cual es el centro de sus dificultades y reaccionar para que su abstinencia este asentada en algún valor importante para así poder superarlas.

Será preciso que flexibilice su reacción ante el conjunto de reacciones privadas repletas de malestar derivadas de la abstinencia con la droga (por ejemplo, la urgencia por consumir, nerviosismo, ansias, problemas de sueño, irritabilidad, tristeza, dudas, etc.). Y estar dispuesto no sólo a sentir los efectos de no consumir, sino la cascada de pensamientos que, de acuerdo a la historia personal, emergerán (por ejemplo, «no seré capaz de dejarlo», «soy un enfermo», «no puedo con esto», «sólo una vez más», « ¿y si fracaso?», etc.). Hay que señalar que el conjunto de reacciones privadas (de pensamientos y sensaciones cargados de malestar) será ineludible y el malestar será considerablemente mayor al producirse las primeras acciones dirigidas al abandono del consumo. La paciente deberá estar dispuesta a sentarse con todo el conjunto de sensaciones y pensamientos al iniciar la abstinencia -porque hacerlo se asiente en algo valioso para ella, o si elige rechazar ese malestar y perder todo lo que ello puede llevar consigo.

También tendrá que elegir entre continuar haciendo lo que está haciendo o, bien optar por la aceptación de todo lo que trata de evitar y asumir las consecuencias de hacerlo (lo que implica sentarse con todo el conjunto de sensaciones y pensamientos negativos derivados de la abstinencia). Para poder «estar con el malestar» se pueden hacer múltiples ejercicios de defusión que incluyen la desliteralización y, principalmente, la experiencia de diferenciar las dimensiones del yo. El objetivo es diferenciar la parte personal que llamamos YO, de los pensamientos y sensaciones que en cada momento pueden fluir. Esta diferenciación es el contexto para que el cliente adquiera la habilidad de estar en el presente, en el aquí y en el ahora, con los pensamientos y sensaciones que fluyan, y elegir hacer lo que es valiosa para ella. Las oportunidades para este aprendizaje han de ser múltiples, ya que múltiples serán los momentos en los que la persona habrá de elegir entre acciones valiosas o acciones que no tengan esa calidad personal. Las últimas serán experimentadas por el cliente como acciones que le traerán beneficios a corto plazo pero desventajas y dificultades a la larga.

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