3.4. Los Valores en ACT: La base de la intervención

Si hacemos una revisión acerca de lo entendido por valores, podemos llegar a dos conclusiones fundamentales. Por un lado, todos los planteamientos psicológicos, con más o menos reservas, abordan aunque sea explícitamente el tema de los valores. Ya sean modelos "psicodinámicos" "experienciales" o "cognitivos", los valores han sido entendidos en términos de sentimiento o razón, incurriendo en la "psicologización" de los mismos. (Luciano et al, 2006). En la perspectiva funcional o contextual, los valores en términos conductuales, quedarían radicalmente vinculados al mundo en el que se realiza la vida y la circunstancia de cada persona en particular. Como ya he expuesto anteriormente, el conductismo radical desechó la idea de que los valores personales fueran inmanentes a la naturaleza humana y frente a ello, propuso que las contingencias sociales definen los valores de las personas en un contexto determinado, y por tanto los problemas que se plantean en términos de sus soluciones, en vez de centrarse en aspectos hipotéticos. El estudio acerca de la transformación de funciones está obteniendo datos que permiten explicar mejor múltiples facetas complejas del comportamiento humano, entre otras, las relaciones verbales que controlan el comportamiento humano orientado a metas y valores a largo plazo. La teoría del marco relacional y el sistema terapéutico que se ajusta a esta teoría es la Terapia de Aceptación y Compromiso (Luciano et al, 2006)

Se considera que el comportamiento (pensamientos, recuerdos, emociones o sentimientos son considerados comportamientos) depende del contexto actual e histórico, lo que significa que todas las reacciones del organismo (incluso eventos privados) son normales en el sentido de que son las que se han conformado a lo largo de su historia y los sucesos que en ella se han dado.

Relacionado con este punto, ACT mantiene un concepto de salud psicológica entendida como el mantenimiento de patrones de comportamiento valiosos en las diferentes áreas importantes de la vida de una persona. Y por otro lado, ACT propone que los problemas psicológicos surgen cuando estos contenidos privados adquieren un papel protagonista. Los recuerdos sobre un hecho desagradable pueden confundirse con tal hecho y tomar drogas seria una manera de escapar. Esta clase de respuestas de evitación que pueden llevar a que el sufrimiento natural sea vivido como trauma, es lo que se ha venido a llamar Trastorno de evitación experiencial. En este momento entran en juego la puesta de contacto del cliente con sus valores, que no metas específicas. Las metas u objetivos son eventos deseados específicos, cosas que pueden o no obtenerse; cuándo las metas son alcanzadas en cierto modo se completan, por ejemplo, un ascenso en el trabajo, la consecución de un título académico, casarse, etc. Los valores serian el timón que hacen que esas metas tengan sentido (realizarse como persona, ser un buen padre, conseguir intimidad con alguien, etc.). No obstante, estas metas están al servicio de direcciones vitales de más largo alcance. Por ejemplo en el caso de la pareja, el casarse podría ir en la dirección de sostener, desarrollar y profundizar una relación de compromiso, amor e intimidad. Así pues, desde ACT se definen los valores como estas direcciones vitales globales, elegidas, deseadas y construidas verbalmente, pero lo valores no tienen fin, están siempre presentes como horizonte. La paciente emplea un repertorio de evitación amplio del que el abuso de sustancias forma parte; otras acciones en la misma dirección (de la misma clase funcional) son comprar compulsivamente, procurar pasar la mayor parte del tiempo acompañada por amigos, consumir cocaína, divertirse, distraerse, intentar faltar lo más posible al trabajo, evitar estar en casa el máximo tiempo posible, y muchas otras acciones que lleva a cabo para evitar el malestar inmediato.

La evaluación funcional del repertorio de evitación implica cualesquiera pensamientos, sensaciones corporales y recuerdos que se acompañan de malestar y que, para el cliente, precipitan las acciones de evitación y escape. A ello han de añadirse los efectos inmediatos de las mismas, es decir, lo que consigue la persona de positivo al consumir la sustancia (relajarse, divertirse.) y lo que elimina o suprime de negativo (pensamientos negativos respecto de su apariencia física, temor al fracaso sentimental, dudas sobre su capacidad para desempeñar un trabajo, etc.).

Además, la evaluación ha de incluir la repercusión, en las áreas de funcionamiento personal, de todo el conjunto de acciones dirigidas a la evitación, es decir todas aquellas cosas importantes para la vida del cliente pero que no hace por evitar el malestar.

O sea, las limitaciones en aquellas facetas importantes para el cliente, bien por abandono o porque nunca las haya cultivado, en tanto que se haya dedicado al consumo, entre otras acciones de evitación. Por último, hasta qué punto el cliente percibe la discrepancia entre lo que busca para su vida (las cosas que realmente quiere y valora), lo que hace, y lo que consigue. Se trata de ver lo que obtiene de modo inmediato y lo que redunda, a largo plazo, en todas las facetas importantes para él/ella.

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