2.4.2. Ofrecer una nueva concepción de lo que ha de entenderse por "mejoría clínica"

Martin y Pearl resaltan, como una de las características más importante de la terapia de conducta tradicional, el hecho de usar los cambios en la medida comportamental del problema como el indicador por excelencia del grado en el que la intervención está siendo eficaz. A este respecto conviene decir que para este enfoque gran parte de los comportamientos problemáticos del paciente venían a ser determinados eventos privados (ansiedad, pensamientos intrusivos, memorias traumáticas, sentimientos de tristeza, etc.) Por lo tanto, para la terapia de conducta tradicional un paciente mejoraría si disminuyera su ansiedad, o si tuviera menos pensamientos obsesivos, etc. Ahora bien, podrían darse ciertas situaciones en que, a pesar de haberse registrado cambios en estos fenómenos psicológicos, cabría dudar de la eficacia de la intervención. Piénsese, p. Ej., que la terapia aplicada ha sido capaz de reducir drásticamente los niveles de ansiedad del cliente ante ciertas situaciones sociales y, sin embargo, éste sigue sin relacionarse con la gente de su entorno aduciendo que ahora tiene "pocas ganas" o que "le vienen a la cabeza ideas de herir a los demás", etc.

Como se ha visto el principal objetivo de ACT no es modificar los sentimientos, emociones, pensamientos o recuerdos del paciente; sino conseguir que éstos dejen de interferir con los objetivos que la persona tiene en su vida. Como señalan Wilson y Luciano (2004) lo que interesa a ACT es la función que los eventos privados tienen en lo que concierne a los pasos que el cliente está dando para llevar su vida en la dirección que haya elegido. Así, desde el punto de vista de ACT podrían darse intervenciones plenamente eficaces sin necesidad de que se produzca cambio alguno en los eventos privados que, generalmente, son los objetivos principales de las intervenciones psicológicas. De esta forma, si un cliente sigue refiriendo el mismo número de pensamientos obsesivos que presentaba con anterioridad a la intervención pero ahora estos pensamientos ya no mueven a la persona a realizar las comprobaciones que anteriormente afectaban seriamente a su vida, cabría hablar de una mejoría clínica. Nos encontramos, pues, con que para ACT la forma de evaluar la eficacia de la terapia es atender a los logros u objetivos que el cliente consigue en su vida, que serían tanto más indicativos de un progreso terapéutico si se acompañan de la sintomatología que anteriormente paralizaba la conducta de la persona. Había que señalar que esta forma de entender las mejorías clínicas puede, en determinadas ocasiones, ir en contra de concepciones fuertemente asentadas en el mundo de la salud mental. Piénsese, Por ejemplo, en el caso de un paciente con alucinaciones auditivas. Desde el punto de vista de ACT, ni una disminución en el número de alucinaciones sería indicativo de una mejoría, ni un aumento de un empeoramiento en el estado del paciente. Lo relevante sería que, con o sin alucinaciones, la persona dirija su vida en la dirección que ella quiere tomar.

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