3.6. Procedimientos de de-fusión: des- literalizar y diferenciar las dimensiones del yo

La aceptación del malestar y resto de pensamientos y eventos privados requiere flexibilidad ante ellos, es decir, requiere la habilidad de estar dispuesto a contactar con ello y actuar en la dirección valiosa. Los métodos para conseguir esta habilidad son métodos clínicos centrados en la potenciación de la discriminación de las dimensiones del yo. No es el lugar para exponer los procesos verbales involucrados en estos métodos, como tampoco lo ha sido para los correspondientes en la clarificación de valores y la desesperanza creativa (véase Luciano, 2004). Sirva aquí tan sólo que los métodos clínicos incluyen metáforas y ejercicios experienciales de diversos tipos (que, como su nombre indica, implican la exposición como elemento esencial).

La exposición a los eventos privados, al malestar, no tiene el propósito de reducir tal malestar. No obstante, los procesos involucrados han demostrado que la exposición puede llegar a reducir el malestar en ciertas condiciones. El objetivo de cualquier técnica de de-fusión se orienta a la flexibilidad de reacción ante el malestar, sin pretender modificar el contenido de los pensamientos, o las sensaciones, ni sustituirlos por otros. Tampoco se busca disminuir su frecuencia o su ocurrencia. Se pretende que la persona los aprecie por lo que son y pueda diferenciarlos de ella misma. Para ello, se busca cambiar su función a través de un cambio en los contextos problemáticos que sustentan la regulación ineficaz (las funciones de literalidad de las palabras, de los pensamientos, la fusión a las evaluaciones de bueno o malo de las emociones y pensamientos, la fusión a las numerosas razones que justifican la evitación, etcétera).

Como es bien conocido, dejar de usar una droga generará sensaciones cargadas de malestar y, a la par, numerosas razones que justifiquen la evitación. Por ejemplo, la urgencia y el deseo por consumir, la intranquilidad, el nerviosismo, los recuerdos de lo hecho, los juicios de valor, los argumentos y justificaciones sobre el uso y la dificultad del abandono, etcétera. Además, surgirán reacciones derivadas de intentar «retomar las riendas de la vida». Por ejemplo, al retomar una relación de pareja o buscar un trabajo, se harán presentes el temor, la culpa, la inseguridad, incertidumbre. La aceptación y los métodos de de-fusión se emplean para generar la inflexibilidad psicológica ante cualquiera de los eventos privados anteriores. Diferentes ejercicios (preferentemente con los ojos cerrados) servirán para practicar la exposición al hecho de pensar y sentir y a los pensamientos y sensaciones que vayan fluyendo en cada momento. A la exposición se unirá la intervención explícitamente dirigida a practicar el distanciamiento desde la perspectiva del yo como contexto. El objetivo de todos estos ejercicios es que el cliente se mantenga en el «aquí y ahora» con la activación emocional a fin de eliminar la fusión que conduce a la evitación. Para todo ello, es indispensable que el terapeuta posibilite la presencia de todos los eventos privados, y facilite al cliente la experiencia de «sentarse con el malestar» y elegir qué hacer. Los ejercicios de «fiscalización» de las sensaciones, emociones y pensamientos son muy potentes y pueden llevarse a cabo como se ha mostrado o bien mezclados con discriminaciones para establecer explícitamente la diferenciación de la persona y sus eventos privados.

Si los pacientes muestran ciertas habilidades de distanciamiento, estas ocasiones de exposición tendrán un considerable efecto y serán la ocasión para la aceptación. De todos modos, la habilidad de diferenciarse de los pensamientos será necesariamente potenciada al introducir los ejercicios de exposición siempre que estos últimos vayan unidos a ejercicios experienciales dirigidos a la discriminación de las dimensiones del yo. Adicionalmente, pueden llevarse a cabo numerosos ejercicios para «des-literalizar» los pensamientos. Por ejemplo, repetirlos muchas veces, cantarlos, decirlos al revés muchas veces, hacer voces con ellos, etcétera (algunos ejercicios se han descrito anteriormente en las técnicas de defusión cognitiva).Son típicas las resistencias de los clientes para llevar a cabo algún ejercicio, argumentos en contra o a favor del consumo, justificaciones, responsabilizar a otros, darle muchas vueltas e intelectualizar la intervención, cambiar de temas, resistirse a realizar compromisos públicos, responder agresivamente a algo que el terapeuta diga, tratar de manipular al terapeuta, etcétera.

Todas estas reacciones son «ejemplos de conductas clínicas» (descritas en la Psicoterapia Analítico funcional o FAP), y son una ocasión ejemplar para permitir al paciente elegir la aceptación a través de cualquiera de los métodos dirigidos a la defusión y para permitirle experimentar la escasa eficacia, en lo importante, de dejarse llevar por todos esos pensamientos y sensaciones).

Cuando el cliente es capaz de tener pensamientos y verlos como meros pensamientos, como un proceso verbal que fluye, pierden su poder de control en la regulación del comportamiento, y dejan de tener un papel crucial en las elecciones que se realizan. Es decir, actuar habiéndose dado permiso para tener pensamientos y sensaciones problemáticas, permite estar plenamente en lo que se está haciendo y eso, inevitablemente, incrementa la sensibilidad a las contingencias del comportamiento, debido a las interacciones verbales que conforman la construcción del yo (de los contenidos y proceso del yo y del contexto, resultante, que los sostiene).

La fusión cognitiva dificulta considerablemente que la persona pueda situarse por encima de dichos contenidos y actuar de modo valioso. Así, es posible que el individuo se fusione con los contenidos derivados de lo que se denomina auto-concepto, sin diferenciarse de ellos mismos. Por ejemplo, al decir «soy incapaz de mantenerme limpio» la sensación de incapacidad no se experimenta como una sensación, como una valoración sobre sí mismo, sino que el individuo se estaría identificando con dicha sensación. La fusión con ese contenido del yo, construido verbalmente, es problemática, ya que la persona responde a ese contenido literalmente, sin distancia del mismo y, por tanto, la acción resultante no necesariamente se ajustaría a lo importante para la persona. Por ejemplo, en el caso de una recaída -y según la historia personal- pueden derivarse pensamientos de «nunca haré algo realmente bueno en mi vida», «siempre hago daño a los demás» o «no tengo remedio». En la medida en que se responda a esto de forma literal, la aceptación de los mismos y el retomar las riendas de lo que se quiere conseguir se torna casi imposible. La solución será, como con el resto de pensamiento y sensaciones que fluyen al hilo de historia personal, aprender a tenerlos y situarlos desde la perspectiva de uno mismo, es decir, desde el contexto del yo. La diferenciación entre los contenidos y el contexto del yo hacen posible la aceptación. Situarse en el plano de la plena consciencia ante los eventos que fluyen, notar que fluyen, y darse cuenta de quién tiene los pensamientos y sensaciones, es un proceso experiencial considerablemente valioso para elegir con responsabilidad y actuar centrado en lo que se está haciendo. A continuación, se expone un ejercicio que potencia la «Diferenciación de las dimensiones del Yo» y, con ello, el necesario distanciamiento de los eventos privados. En sí mismo, la realización de este ejercicio es una elección más que se propone al cliente como un acto en dirección valiosa. Veamos un ejemplo de esa práctica de de-fusión que se podría aplicar en el caso de la paciente:


P:Lo he intentado muchas veces, estaba dispuesta pero lo único que hago es pelearme con mi familia y compañeros de trabajo, y lo único que me apetecía era consumir..
T: Y bien, ahora, ¿qué quieres hacer?
P: Quiero dejarlo pero he pensado que tal vez este no sea un buen momento, tengo tensión en el trabajo, estrés, no soy capaz porque nunca da resultado.
T: Vamos a ir recogiendo todo esto que te dices, todo lo que te da tu mente en este momento, y vamos a distinguir si son pensamientos y sensaciones y qué podemos hacer con ellos. Lo que me has dicho "no soy capaz", como lo definirías.
P: Bueno, eso es un pensamiento, un recuerdo de todo lo que he intentado.
T: Vale, es un pensamiento de futuro que te está visitando ahora. ¿Qué más?
P: Uff, es que son muchos.
T: Estás teniendo el pensamiento aquí y ahora de que «son muchos».
P: Sí,y el pensamiento que «no voy a poder conseguirlo», la sensación de «soy un fracaso», la idea de que «estoy estresada para hacerlo», el pensamiento de que «no es un buen momento».
T: Vale, te invito a que cierres los ojos para centrarte y te detengas en observar todos los pensamiento y sensaciones que te vienen cuando te miras consumiendo cocaína nuevamente después de muchos días sin hacerlo.
P: No me gusta, me viene la sensación de culpa, me viene unida a muchas cosas.
T: Céntrate en esta sensación que estás teniendo y dime dónde notas la culpa.
P: En la zona del cuello.
T: Mantente con la culpa allí en los hombros y dime ¿si la culpa se pareciese a algo, a qué se parecería?
P: Como una gran losa sobre mi espalda.
T: Quiero que observes esa losa. Dime ¿es grande o es pequeña?
P: Es grande, abarca los hombros, el cuello, toda la espalda casi.
T: Vale, es una losa grande. Si tuviese un color ¿qué color le pondrías?
P: Es gris.
T: Esa es tu culpa, una losa gris. Mira si puedes observar esa losa en detalle. No hagas nada con ella, nota su peso ahí, mírala por arriba., mira como la losa se apoya en tu espalda... Deja que esté allí contigo y pregúntate quién está notando esa losa. Dime ¿quién está teniendo esa sensación?
P: ... ¿Yo?
T: Vale, tú estás teniendo esa sensación, estás notándola.
P: Sí.
T: ¿Quién ha dicho sí y quien se está dando cuenta de que acaba de decir sí?
P: Yo.
T: Vale, si tú desaparecieses en este momento, ¿dónde se iría esa sensación, esa losa?
P: A ningún lado, desaparecería.
T: Vale, ¿quién es el soporte de esa sensación?
P: Yo.
T: Entonces, ¿quién es más importante, la losa o tú?
P: Yo.
T: Vale, ahora imagina que la losa que tienes sobre los hombros la puedes coger con tus manos y la pones delante de ti. ¿la tienes? . Ahora, observa la losa ahí delante. Imagina que la observas desde arriba., ahora desde abajo., ahora de un lado..
P: No es igual que antes. Parece distinta. Uff, me viene a la cabeza que he sido una tonta.
T: ¿Quién está teniendo ese pensamiento?
P: Yo.
T:¿Y quién es más, tú o tu pensamiento?
P: Yo
T:¿Quién quieres que mande, tú o tu pensamiento «he sido una tonta, voy a fracasar, estoy estresada y no podré?
P: ¡Yo!
T: Quién está mandando ahora, ¿tus pensamientos o tú?
P: Yo.
T: Ahora, pregunta a esta parte de ti que dice YO y que sostiene todos los pensamientos y sensaciones que estás teniendo ahora mismo. pregúntate si ha dejado de ser importarte tu salud, tu trabajo, tus padres, tus amigos., ¿ha cambiado algo de eso aunque hayas vuelto a consumir?
P: No, eso está igual.
T: Vale, entonces, pregúntate ¿cuál es el siguiente paso? ¿Qué quieres hacer hoy?
P: Volver a cero, pero es que no sé si podré.
T: ¿Quién está teniendo el pensamiento de no sé si podré?
P: Yo.
T: Vamos a repetir yo soy A. y estoy teniendo el pensamiento de no sé si podré mantenerme a cero.
P: Yo soy A. y estoy teniendo el pensamiento de no sé si podré mantenerme a cero.
T: ¿Qué otros pensamientos estás teniendo?
P: ¿Qué haré si vuelvo a caer?
T: Repite, yo soy Ángela y estoy teniendo el pensamiento de qué haré si vuelvo a caer.
P: Soy yo y estoy teniendo ese pensamiento.
T: Ahora, A. con ese pensamiento a tu alrededor, ¿qué quieres hacer nada más salir de aquí?
P: Voy a ir a un bar beberé cerveza sin alcohol y no fumaré.
T: Tú eliges.

Las personas con adicciones suelen tener una larga historia con hacer compromisos y romperlos, de ahí el temor a comprometerse. Hay que aclarar que el compromiso con el que se está trabajando no es con un resultado puntual, sino que se trata de un compromiso con una dirección valiosa. En esa dirección, el compromiso es con acciones valiosas y no con el resultado. En otras palabras, el compromiso de dejar de consumir no significa que no pueda haber una recaída. Si ocurriere, el compromiso con los valores sería la única guía para continuar. Por definición, el futuro no está bajo nuestro control, pero sí lo está la elección de qué hacer ante los pensamientos y sensaciones que se presentan en cada momento. Por definición, como cualquier persona, el cliente sólo puede elegir actuar en el momento presente, estando dispuesto al ciento por ciento a la responsabilidad que ello conlleva. Sabrá que si retrocede, siempre tendrá la oportunidad de volver a elegir. En definitiva, este compromiso significa que el cliente está dispuesto a dejar de consumir drogas porque esa elección está en consonancia con sus valores. Si bien, ese compromiso incluye la responsabilidad de elegir retomar el rumbo cuantas veces sean necesarias.

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