1.2. APROXIMACIÓN HISTÓRICA A LA TERAPIA DE CONDUCTA

1.2.1. La aproximación experimental al tratamiento psicológico: psicología experimental y psicología clínica

Los primeros orígenes de la psicología experimental se remontan a la segunda mitad del siglo XIX. En aquel entonces la psicología comenzaba a independizarse de la filosofía adoptando los métodos de las ciencias físicas, la obligada referencia a la fisiología del sistema nervioso fue esencial para despegarse de la tradición filosófica e iniciar el estudio científico de los procesos psicológicos a través, por ejemplo, de los tiempos de reacción.

Los primeros psicólogos experimentales se centraron en el estudio de procesos psicológicos básicos, empezando por los procesos sensoriales y perceptivos (Fechner, Helmholtz, Wundt). Solo posteriormente se fueron abordando problemas más complejos: El aprendizaje (Thorndike, Paulov), la memoria (Ebbinghaus), el pensamiento (grupo de Wurzburgo). Aspectos relacionados con la motivación, la personalidad y la psicopatología fueron los últimos en ser incorporados, no siendo tema de interés de los psicólogos experimentales hasta bien entrado el siglo XX. (Davidoff, 2005).

La psicología clínica, sin embargo, se había empezado a desarrollar años antes de la mano de la psiquiatría. Hacia la segunda mitad del siglo XIX, se inicia una etapa que se considera clave para la constitución formal de la psicología clínica moderna. Por una parte se introducen métodos cuantitativos para medir las capacidades y habilidades mentales de las personas, dando origen a la psicometría, la psicología diferencial y el psicodiagnóstico. Por otra parte, se empiezan a consolidar dos formas de entender la enfermedad aparentemente contrapuestas: el modelo médico orgánico y el modelo psicodinámico que entiende que la enfermedad mental está causada por una lesión psicológica en alguna parte de la estructura de la personalidad. Desde este modelo, la psicología puede contribuir no solo al diagnóstico, sino también al tratamiento.

El éxito del modelo medico-orgánico ha sido notable, como era de esperar, en el ámbito de los trastornos psicológicos debidos a causas orgánicas, lo que constituye el campo específico de la neuropsicología. El tratamiento psicológico de este tipo de pacientes apenas se ha empezado a desarrollar pero los estudios recientes sobre plasticidad neuronal, regeneración neuronal y reorganización cerebral tras lesiones neurológicas están abriendo las puertas de par en par al tratamiento psicológico como parte esencial del proceso de rehabilitación de estos enfermos (Carpintero Capel, 2003). El modelo médico orgánico, no obstante, ha fracasado de forma sistemática en el ámbito de los trastornos específicamente psicopatológicos, en los que todavía no ha sido posible encontrar lesión anatómica alguna. Este modelo anatomo-patológico se ha ido transformando a lo largo del siglo XX en un modelo fisio-patológico, en el que la supuesta lesión cerebral ya no es anatómica, sino fisiológica, una alteración funcional. Esto se debió al descubrimiento de los psicofármacos, poniendo de manifiesto el papel tan crucial que desempeñan los neurotransmisores en los comportamientos normales y patológicos. Este conocimiento no implica necesariamente ni que la causa del trastorno sea biológica ni que el tratamiento de elección tenga que ser farmacológico, por lo que la tarea de la psicología clínica sería la de demostrar que existen tratamientos psicológicos alternativos más eficaces, y que merece la pena no correr el riesgo de medicalizar sin saber si los orígenes de los problemas no se encuentran en factores biológicos, sino en factores sociales (Carpintero Capel, 2003).

El modelo psicodinámico de la enfermedad mental corrió diferente suerte. Acaparó el interés de la mayor parte de los psiquiatras y psicólogos de la época y la explicación que ofrece es totalmente psicogénica: una alteración en el desarrollo normal de la personalidad debida a un conflicto no superado en los primeros años de vida y que escapa a la conciencia. El tratamiento que ofrece también es psicológico en su totalidad y en el centro del método psicoanalítico se encuentra la relación paciente-terapeuta. (Caparrós, 1976; Rapaport, 1960).

Entre los logros de la hipnosis se encuentran, por una parte, el permitir estudiar fenómenos que se encuentran fuera de la esfera de la conciencia y por otra haber favorecido el desarrollo de terapias basadas en la palabra y en la sugestión. Sin embargo, no resaltó otras aportaciones previas de la psiquiatría y la psicología clínica a los tratamientos psicológicos. Nos referimos al llamado tratamiento moral que introdujo Pinel, que exponía que además de ofrecer respeto y protección al enfermo mental, se le debía implicar en la incorporación a actividades y tareas, como parte esencial del tratamiento terapéutico (Boring,1950).

El modelo psicoanalítico también tuvo importantes consecuencias de cara a la evaluación diagnóstica y al uso de pruebas psicométricas. Para acceder a los mecanismos inconscientes que postula el psicoanálisis, la alternativa a las técnicas psicométricas fueron las técnicas proyectivas. Esto derivó en un claro enfrentamiento entre ambas técnicas, al menos en el ámbito académico, y en el ámbito aplicado se llevo a cabo un compromiso de tipo salomónico: aplicar las técnicas psicométricas para evaluar las características intelectuales y cognitivas y las técnicas proyectivas para evaluar las características de personalidad.

En todos estos desarrollos la psicología experimental se quedó al margen. El primer acercamiento de la psicología experimental al campo de la conducta anormal y su tratamiento se produce en la década de 1950 a 1960, coincidiendo con la aparición de la terapia de conducta.

La aparición de la terapia de conducta surge, principalmente, por el descontento provocado por el papel secundario de la psicología frente a la psiquiatría, aunque también influyeron otros muchos motivos, como el cataclismo que supuso la Segunda Guerra Mundial pudo haber contribuido a cambiar el espíritu de la época (el zeitgest), haciéndolo más favorable a considerar datos de la psicología experimental que antes no se habían considerado porque no encajaban en las explicaciones psicológicas dominantes ( Vila y Fernández, 2004).

Intentos de acercar la psicología experimental a la clínica hubo muchos, por lo que desentrañar los antecedentes de la terapia de conducta puede convertirse en una tarea interminable, aunque es relevante hacer referencia a algunos hitos históricos que ilustran lo difícil que ha sido acercar la aproximación experimental a los tratamientos psicológicos.

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