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Qué es un trauma psicológico

Por Jose Emilio Alberola Colomar. Actualizado: 9 mayo 2018
Qué es un trauma psicológico

En nuestra vida cotidiana suelen producirse acontecimientos inesperados que rompen el equilibrio psicológico y alteran nuestro estado emocional. Estos sucesos perturbadores pueden oscilar desde un simple contratiempo a hechos dramáticos de consecuencias trágicas, como el fallecimiento de un ser querido, el diagnóstico de una enfermedad grave, una minusvalía física o intelectual, la destrucción total o pérdida de un bien valioso, despido laboral, divorcio, violencia física o psicológica, etc.

Los contratiempos se aceptan y superan con rapidez porque no afectan a ningún factor esencial y determinante de nuestra vida; pero un suceso traumático sí lo hace, pues altera la percepción que teníamos sobre nosotros mismos y sobre el entorno, provocando cambios vitales trascendentales. En este artículo de Psicología-Online, analizaremos y explicaremos qué es un suceso traumático.

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Afrontar un trauma: procesos

Ante un suceso traumático algunas personas tienden a no aceptar lo evidente e intentan vivir de espaldas a la realidad, a evitarla, pero esto no posibilita la recuperación del equilibrio psicológico y la estabilidad emocional, para ello se requiere su aceptación.

Desde un enfoque psicobiológico, una forma de afrontar esta cuestión es analizar los procesos mentales involucrados en los sucesos traumáticos y en su aceptación, centrándonos para ello en dos procesos básicos:

  • La formación de un suceso traumático a partir de un hecho real.
  • La aceptación de éste por la persona afectada.
Qué es un trauma psicológico - Afrontar un trauma: procesos

La formación de un trauma a partir de un suceso real

La cuestión se centra en averiguar cómo un hecho de la vida real adquiere el rango de traumático. Del análisis de las distintas definiciones de trauma psíquico existentes pueden obtenerse las características más habituales que califican a un suceso de traumático:

  • Que se origine por un evento ajeno a las vivencias cotidianas normales, esto es, que sea imprevisible, inesperado o casual (puede ser único e intenso o menos intenso pero repetitivo).
  • Que se perciba y experimente como algo negativo (perjudicial, peligroso, amenazador) para la integridad física o psicológica y no deseado.
  • Que ocasione un fuerte impacto psicológico y cause un daño o sufrimiento emocional muy intenso, capaz de inhibir o limitar su capacidad de respuesta.

Como puede observarse, en el suceso traumático intervienen dos factores, uno objetivo referido al hecho real y sus circunstancias, y otro subjetivo que incumbe a la persona que resulta afectada por él. Entre estas estrategias está la búsqueda de regularidades en los sucesos cotidianos y, a partir de ellas, efectuar predicciones de sucesos futuros.

Teorías de los traumas psicológicos

Regularidad en las relaciones dentro del sistema ser humano-entorno

Según la Teoría General de Sistemas la regularidad es un mecanismo evolutivo que da estabilidad a los sistemas, de ahí que exista una tendencia hacia ella. En el supersistema ser humano-entorno también se da esta tendencia a la regularidad de sus interacciones, y un ejemplo de ello podemos verlo en sistemas sociales como la familia, el hogar, los amigos, el lugar de trabajo o las asociaciones lúdicas, donde cada miembro ocupa una posición definida, ejerce una función específica y mantiene un tipo de relaciones establecido, y todas estas características suelen mantenerse estables a lo largo del tiempo.

Nuestra mente busca las regularidades que se producen en estas interacciones y mediante procesos de aprendizaje las incorpora a su memoria, lo que supone un menor coste cognitivo y energético, pues evita tener que procesar cada vez de forma explícita la misma información. A este respecto, D. Kahneman (2011) señala que el sistema cognitivo implícito, y con él las formas de aprendizaje primario, tienen como función esencial “mantener y actualizar un modelo de nuestro mundo personal que representa lo que en él es normal, y tiende a rechazar los cambios, que solo pueden ser procesados alertando al sistema cognitivo explícito, lo que supone un esfuerzo cognitivo muy difícil de mantener”.

Qué es un trauma psicológico - Teorías de los traumas psicológicos

El origen de los traumas psicológicos

Cada uno de nosotros, a partir de conocimientos, experiencias vitales, creencias y valores construye una imagen estable y regular de sí mismo y del mundo que le rodea (la teoría de los constructos personales de G. Kelly puede ilustrarnos sobre este proceso a través del postulado fundamental y sus 11 corolarios), creando un modelo o representación mental coherente de cómo son y cómo funcionan las cosas en la cotidianidad y de los vínculos que establecemos con los elementos del entorno que nos proporcionan equilibrio y bienestar psicológico (un ejemplo de estos son el apego familiar, la amistad y el compañerismo). Como señala el neurocientífico R. Llinás (2001) nuestro cerebro no es tanto un procesador de información como un “simulador de mundos”, un verdadero constructor de realidades virtuales en las que vivimos como si fueran la verdadera realidad.

Cuando al procesar la información sobre un suceso percibimos que entra en contradicción con la forma en que se espera que sucedan las cosas según el modelo y las representaciones mentales interiorizados, se produce una discrepancia cognitiva que da lugar a una reacción instantánea de incredulidad y sorpresa, impulsando a nuestra mente a activar todos sus recursos cognitivos para buscar una explicación que permita establecer una coherencia entre ambas representaciones. Pero en los sucesos traumáticos, la fuerza del impacto psicológico limita e incluso inactiva tales recursos, ocasionando una especie de “bloqueo” mental que distorsiona o interrumpe el procesamiento.

Un elemento indiscutible que contribuye a configurar estas regularidades es la relación causa-efecto de los sucesos. La mente tiende a buscar esta relación bajo la premisa de que los hechos que ocurren en el entorno tienen su razón de ser, no ocurren sin más, siempre existe una causa previa que debe obedecer a normas establecidas y creencias fundadas, y a partir de esta relación busca regularidades en los sucesos. Ante un suceso que nos sorprende y no comprendemos nos preguntamos rápidamente: ¿por qué ha pasado esto?, y tendemos inmediatamente a buscar su causa para obtener una explicación del mismo, y si ésta se desconoce o la calificamos de incoherente, ilógica, injusta o absurda, como suele ocurrir en los sucesos traumáticos (por ejemplo, el consumo de alcohol en los accidentes de tráfico), el procesamiento de la información queda incompleto o resulta incoherente.

 

Cumplimiento de las predicciones

La mente consolida estas regularidades y actúa como si las cosas no fueran a cambiar y que el estado de las cosas habituales se mantendrá día tras día: no enfermaremos, no tendremos ningún accidente, los seres queridos seguirán estando igual, no nos despedirán del trabajo, etc., olvidando así la posibilidad de contingencias e imprevistos. Además, se espera que las personas de nuestro entorno mantengan estables sus intenciones, creencias, deseos y actitudes, lo que proporciona un sentido de automaticidad a nuestras interacciones socialesen numerosos ámbitos y situaciones.

La regularidad en la mayoría de sucesos que ocurren en nuestra vida cotidiana (levantarse, desayunar, acudir al trabajo, etc.) y la tendencia a sobrevalorar el control que tenemos sobre los acontecimientos (la ilusión de control) nos impulsa apredecir situaciones futuras y generar expectativas sobre ellas. El neurocientífico cognitivo Jeffrey Zacks nos dice que la vida cotidiana no es otra cosa que una serie constante de pequeñas predicciones en catarata. Igualmente, el filósofo Daniel Dennett señala que el trabajo de un cerebro es predecir futuro en forma de previsiones sobre las cosas del mundo que importan para dirigir el cuerpo de manera adecuada. La mente actúa como si éstas tengan que cumplirse necesariamente y, aunque somos conscientes de que las predicciones pueden no cumplirse, lo consideramos poco probable y no las tenemos en cuenta al planificar el futuro.

La consecuencia de estas dos estrategias mencionadas es que nos habituamos a un estado de las cosas determinado, tanto en el presente como en el futuro, en el que los sucesos tienen una causa lógica y sensata que los justifica, y cuando se produce un suceso imprevisible y no deseable que vulnera tales estrategias, esto es, lo que se espera que ocurra no sucede (un diagnóstico médico alentador), o lo que sucede no se esperaba (una muerte, una agresión violenta o un accidente) se genera un cambio drástico en la configuración del mundo que teníamos, se trunca la regularidad del estado de las cosas que habíamos asumido, y la percepción de incapacidad para dar una respuesta adaptativa a la situación sobrevenida provoca la frustración y la desesperanza.

Qué es un trauma psicológico - Cumplimiento de las predicciones

El potencial de activación emocional

Lo que califica a un suceso de traumático no es en sí la contradicción cognitiva señalada anteriormente, sino la alteración emocional negativa e intensa que lo acompaña y provoca la incapacidad de la persona para hacer frente de forma adecuada a la situación generada (sentimientos de miedo, culpa, enfado, frustración, vergüenza, desesperación, etc.).

Si un suceso no tiene consecuencias nocivas o éstas son intrascendentes, apenas se generan emociones negativas o son de poca intensidad.Pero si el suceso comporta unas consecuencias que resquebrajan los pilares sobre los que se apoya nuestro modelo del mundo y se rompen los vínculos emocionales que sustentan las relaciones con el entorno (el modelo del mundo que hemos construido incorpora emociones que están estrechamente asociadas a experiencias vitales: amor, amistad, solidaridad, empatía), el resultado es que ya no es posible relacionarse con él tal y como lo hacíamos antes. Además, las expectativas de futuro creadas desaparecen, y con ellas puede que también lo haga el sentido que habíamos dado a nuestra vida.

Esta situación trágica genera una fuerza vigorosa o potencial de activación emocional capaz de desencadenar una serie de efectos dramáticos en la esfera íntima de la persona: la pérdida de la confianza básica en sí misma y en los demás elementos de su entorno, sentimientos de indefensión y desesperanza, disminución de la autoestima, pérdida del interés y de la concentración en actividades anteriormente gratificantes, cambio en el sistema de valores, especialmente la creencia en un mundo justo. Además, el estado emocional aflictivo provoca la pérdida de control de la situación y limita sus recursos para hacer frente a la misma.

El potencial emocional que genera el suceso traumático se mide a través de sus efectos, esto es, depende de la intensidad, frecuencia y duración de la activación del sistema emocional, y aumenta en virtud del número de emociones que se activen. Si al miedo o la tristeza se añaden la ira, el odio o la culpa, que despiertan un deseo de venganza, el potencial emocional se incrementará, lo que dificultará aún más el proceso de aceptación. También se produce este incremento cuando el suceso traumático se repite varias veces o se vuelve crónico (violencia de género, acoso escolar, etc.).

Este artículo es meramente informativo, en Psicología-Online no tenemos facultad para hacer un diagnóstico ni recomendar un tratamiento. Te invitamos a acudir a un psicólogo para que trate tu caso en particular.

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