Qué son las heridas emocionales de la infancia y cómo sanarlas

Qué son las heridas emocionales de la infancia y cómo sanarlas

La infancia es una etapa en la que los niños y niñas absorben como esponjas todas las experiencias, sean positivas o negativas. De hecho, es en la niñez cuando se moldea parte de la personalidad que caracterizará a cada ser humano a lo largo de su existencia. Por lo tanto, si en la infancia se forman heridas emocionales que no se sanan a tiempo, el desarrollo emocional individual se verá afectado.

En este artículo de Psicología-online, te explicaremos qué son las heridas emocionales de la infancia y cómo sanarlas. Te ayudaremos identificando cada una de ellas para que logres superarlas y no sigas arrastrándolas en tu vida adulta.

Qué son las heridas de la infancia

Las heridas emocionales de la infancia son experiencias negativas y traumáticas que se producen durante la etapa temprana de la vida de una persona y que tienen un impacto significativo en su bienestar emocional y mental a lo largo de su desarrollo. Estas heridas pueden ser causadas por diversos factores, como el abuso emocional o físico, el abandono, la negligencia, la pérdida de un ser querido, el acoso, la presión excesiva, entre otros.

Durante la infancia, los niños y niñas son particularmente vulnerables y están en proceso de desarrollo físico, cognitivo y emocional. Por esta razón, las experiencias negativas a las que deben enfrentarse pueden dejar cicatrices emocionales profundas y afectar su forma de ver el mundo, además de cómo se relacionan con los demás y cómo se sienten consigo mismos.

Por otro lado, estas heridas de la infancia pueden manifestarse de diversas maneras en la vida adulta, como dificultades para establecer relaciones saludables, baja autoestima, inseguridad, ansiedad, depresión, comportamientos autodestructivos, problemas de confianza y patrones de comportamiento disfuncionales. Pero, ¿cuáles son las 7 heridas de la infancia? Te las mostramos a continuación.

El miedo al abandono

Cuando los padres, madres o cuidadores no quieren o no pueden cumplir bien con su figura protectora, los infantes desarrollan un miedo irracional al abandono, a lo que también se le conoce como apego inseguro. Esta es una de las principales heridas de la infancia y las personas que lo experimentan crecen con un miedo latente de que siempre los van a volver a abandonar.

Esta herida emocional suele formarse entre los 0 y los 3 años. Las causas más comunes son padres ausentes o físicamente presentes, pero que ponen una barrera emocional y comunicativa con el infante. Esa falta de compañía deja una profunda huella que se manifiesta con la incapacidad de entablar relaciones estables en el futuro y con un profundo sentimiento de soledad que es persistente en la adultez.

El miedo al rechazo

Si hablamos de heridas emocionales de la infancia, el miedo al rechazo es una de las más comunes. Puede surgir desde la concepción, sobre todo cuando se trata de embarazos no deseados, y se produce a raíz del sentimiento de no aceptación cuando alguno de los cuidadores manifiesta rechazo hacia el infante.

Por lo general, tiene que ver con situaciones como la depresión posparto, uno de los padres que abandona al bebé, acoso escolar o familiar, entre otros. Esto deriva en una sensación de inseguridad que dificulta el desarrollo de relaciones sanas a lo largo de la vida.

Si quieres saber cómo sanar esta herida, en este artículo encontrarás información sobre cómo superar el miedo al rechazo.

La violencia intrafamiliar

Cuando el entorno familiar es violento a nivel físico o psicológico, el niño o niña tienden a desestabilizarse emocionalmente y a presentar conductas disruptivas. Por lo tanto, no deben asociarse los golpes, el maltrato y el regaño con medidas disciplinarias obligatorias para la formación infantil.

Las heridas de la infancia como esta marcan la vida adulta pues, los niños/as que se crían en hogares violentos, tienen mayor posibilidad de presentar problemas de control de ira y suelen repetir ese modelo abusivo cuando son mayores.

El desprecio hacia los demás

Los infantes que crecen bajo un sometimiento constante al desprecio, humillaciones o bullying experimentan traumas y heridas emocionales difíciles de sanar. Esto impacta directamente en su autoestima y también les genera trastornos ansiosos constantes.

Como consecuencia a este tipo de traumas, los pequeños y pequeñas desarrollaran una conducta de desprecio permanente y pensarán que todo el mundo quiere causarles daño y humillarles.

El miedo a lo desconocido

El miedo a lo desconocido es otra de las principales heridas de la infancia. Es normal que los niños y las niñas manifiesten miedo a la oscuridad, a los fantasmas, entre otras cosas normales a esa edad. El detalle está en que si los adultos no los ayudan a enfrentarse asertivamente a esos temores, pueden llegar a ser personas con falta de empatía y con rasgos de indiferencia ante los problemas de los demás cuando lleguen a la adultez.

En este artículo podrás ver cuáles son los rasgos de una persona con poca empatía.

La sensación de insuficiencia

Cuando un cuidador muestra amor y cariño, le transmite su hijo/a tranquilidad y seguridad emocional. Por el contrario, si su actitud es hostil o demuestra negligencia emocional infantil, el infante desarrolla un complejo de insuficiencia personal que le afectará a lo largo de su vida.

Esta es una de las heridas de la infancia que provoca que los niños se sienten ignorados. Eso provoca que asimilen en sus esquemas mentales que no es lo suficientemente buenos para que los amen. Por lo tanto, crecen con una baja autoestima y con un sentimiento de amor propio muy bajo.

Traiciones y problemas en los límites personales

Las traiciones personales son una de las heridas de la infancia más duras. En ocasiones, es habitual que los padres piensen que a los infantes no les afectan las promesas incumplidas. El hecho es que una constante falta de honestidad, anula la confianza en los niños.

Por ejemplo, si les dicen que al terminar de comerse los vegetales los llevarán al parque y eso no se cumple, la frustración llenará sus emociones al ver destruidas sus expectativas. Por lo tanto, otra herida emocional infantil es incumplir las promesas porque los pequeños y pequeñas crecen con la idea de que no es seguro creer en nadie.

Cómo sanar las heridas emocionales de la infancia

Ser padres no viene con un manual, sin embargo, cuando hay amor, todo es posible. El primer paso para sanar las heridas de la infancia es profundizar en tu interior para identificar si tu niño/a interior se siente herido y la posible causa. Comprenderlas te vas a trasformar en alguien que tiene el control e iniciarás un proceso terapéutico para poder avanzar.

Lo más recomendable en estos casos es buscar ayuda profesional que te ayude a identificar los patrones repetitivos que revives desde tu infancia, como psicólogos o terapeutas. En este sentido, un psicólogo puede ayudarte a explorar y comprender las experiencias pasadas, procesar emociones reprimidas y aprender estrategias para lidiar con las dificultades emocionales y relacionales en la vida adulta.

Empieza con pasos pequeños, prioriza tu autocuidado, ten paciencia y recuerda que solo tú tienes el poder de elegir como quieres vivir tu vida.

Este artículo es meramente informativo, en Psicología-Online no tenemos facultad para hacer un diagnóstico ni recomendar un tratamiento. Te invitamos a acudir a un psicólogo para que trate tu caso en particular.

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Bibliografía
  • Eysenck, H. (1970). Bases biológicas de la personalidad. Barcelona. Fontanella.
  • Iglesia, V. I. (2019, 31 enero). Cómo sanar al niño interior herido. https://www.psicologiayconsciencia.com/nino-interior/