Trastornos de conducta: estrategias de intervención y caso práctico
Los trastornos de conducta pueden ser diversos, pero generalmente dificultan las relaciones de quien los padece, según el tipo y el grado. Es necesario saber identificar estos trastornos a tiempo para poder ofrecer la mejor terapia y tratamiento en cada caso. Asimismo, es igual de importante saber cuál es la mejor forma de intervención en cada caso. Por esto, en PsicologíaOnline mostramos estrategias de intervención con caso práctico de trastornos de conducta.
Introducción del caso práctico sobre trastornos de conducta
Hay una demanda de asesoramiento del equipo docente sobre un alumno con trastorno de conducta. El alumno cursa 1.º de ESO. El equipo docente manifiesta malestar y sobrecarga por las actuaciones constantes de dicho alumno, así como por la imposibilidad que refiere para impartir la clase.
Una de las situaciones más preocupantes para padres y educadores es ver cómo sus hijos y alumnos presentan dificultades a la hora de aceptar normas que la mayoría de los niños aceptan y cumplen de forma normal. Podríamos decir que entre los factores decisivos para la situación actual están el entorno en el que vivimos, marcado por la incertidumbre y la obsolescencia de todo, una sociedad que fomenta el individualismo, la competitividad extrema y el materialismo, y la tendencia a delegar las funciones paternas únicamente en el contexto escolar, sin una conexión e interacción adecuada entre ambos sistemas. Como consecuencia de ello, hasta un 15 % de los menores pueden presentar acciones agresivas, violentas e, incluso, delictivas.
Ante todo esto, nuestro papel como psicopedagogos será similar al que desempeñamos ante otros alumnos que presentan necesidades específicas; no obstante, por el tipo de trastorno deberemos hacer hincapié en que el planteamiento educativo y terapéutico dependerá del momento en la evolución del trastorno. Las ayudas deben ser sostenidas, adecuadas y suficientes en el tiempo; no dilataremos las respuestas, plantearemos una respuesta global al problema y promoveremos el abordaje individual. Nuestro objetivo siempre será ayudar al alumno y a su familia a entender la situación, prestarles la ayuda que requiere el menor para favorecer el desarrollo de su identidad personal, el logro de una imagen positiva de sí mismo y unos sentimientos de autoestima sana. En todo el proceso, será imprescindible dar el soporte necesario a la familia para ayudar a su hijo/a.
Para comprender mejor cada situación, resulta útil recoger ejemplos concretos de lo que ocurre en el aula y en casa, sin limitarse a describir al alumno únicamente a partir de las dificultades. Tener en cuenta también sus capacidades, intereses y los momentos en que logra participar con mayor tranquilidad ayuda a plantear apoyos más ajustados.
Pasos para extraer información en casos de trastornos de conducta
El equipo de intervención será multidisciplinar (red psicopedagógica y sociosanitaria) e incluirá a la familia del menor. Se debe realizar, por una parte, un trabajo de comprensión de la situación con un abordaje global del conjunto de necesidades del adolescente. Por otra parte, se requiere una construcción progresiva del caso, pues el objetivo no es cambiar conductas sin más, sino ayudar al menor a transformar su conducta haciéndose responsable de su vida. Antes de tratar la demanda, no solo debemos comprender la situación, sino también tener claras las premisas básicas que nos ayuden a decidir qué hacer. Por ello, debemos cuestionarnos: ¿qué es el TC?, ¿qué hay que entender?, ¿qué hay que evitar?, ¿de qué nos tenemos que sensibilizar? y ¿qué hay que reconocer?
Qué es el TC y qué hay que entender
Todo el equipo debe compartir una misma representación del problema: la conducta antisocial, ya sea por exceso o por inhibición, es el síntoma que nos muestra las consecuencias de la sensación de desposesión que embarga al menor. A través de su conducta, reivindica el derecho a ser considerado y a que le ayuden a superar este sentimiento de dolor y pérdida, en un duelo no concluido. El menor no sabe cuál es la razón por la que se siente tan mal ante la voluntad de los otros ni por qué sus apreciaciones le resultan tan perturbadoras. Incluso, hay casos en los que puede manifestar extrañeza ante su propio comportamiento.
Una vez que el menor reconoce este sentimiento y consigue entender la razón por la que se comporta de esa forma, se puede comenzar a trabajar para ir disolviendo progresivamente el trastorno. A partir de aquí, puede cambiar la posición de pasividad y victimización que suelen adoptar las personas con problemas de TC con respecto a los otros y a los acontecimientos.
Qué hay que evitar en los casos de TC
Debemos evitar patologizar o etiquetar al menor, pues esto no hará sino derivar en consecuencias negativas y no nos abrirá el camino para ayudarle.
De qué nos tenemos que sensibilizar
Debemos sensibilizarnos ante el padecimiento de la persona afectada por el problema, pues es la única forma de comprender su vivencia, analizar debidamente la situación y ayudarle.
Qué hay que reconocer
El TC no es un trastorno estático; estamos ante un proceso evolutivo anómalo, de inicio insidioso y silencioso, por la no superación adecuada de las diferentes etapas del ciclo vital. Debemos, pues, reconocer el momento temporal en el que se encuentra el trastorno: Inicio Reactivo –instalación del sufrimiento: presencia de fuerte labilidad emocional, dolor ante reminiscencias olvidadas de su pasado, ansiedad crónica y difusa, hiper/hipoactividad, intranquilidad y angustia–; Tiempo Estancado –profunda sensación de fracaso e indignidad difícilmente entendible por el menor, enfado con el mundo, autoestima insana, una identidad que no le satisface y, ante todo esto, lucha permanente–; y Resolución Trastornada –conducta desafiante, antisocial y violenta en un intento de huida y para eludir su mundo de pesadillas–.
Otras cuestiones a tener en cuenta serán identificar los principales signos que conforman la personalidad: cómo está conformada y cuál es la relación que mantiene con el entorno (familiar, escolar y social). A nivel del menor: ámbito del cuerpo y la salud --> autoimagen y autocuidado, así como su relación con la sexualidad; ámbito de las emociones y del ánimo --> labilidad emocional y manifestaciones de ansiedad y tristeza; ámbito del pensamiento --> alteración en la comunicación, pensamiento y razonamiento inflexibles; ámbito del comportamiento --> desde la dificultad en las habilidades sociales, pasando por la falta de pertenencia al grupo o el aislamiento. A nivel del entorno: características del contexto familiar --> falta de límites, poca interacción familiar, problemas de empatía, ausencia de las figuras del padre o la madre, apoyo pasivo, protección excesiva, comparación del menor con figuras potentes en la familia, etc. Características del contexto escolar y social --> falta de proyecto, desconfianza hacia el avance personal y hacia los adultos y profesores, estigmas, segregación, dificultades en la atención, exceso de actividad, cambios de centro repetidos, falta de vínculos, aislamiento social, etc. Es importante este conocimiento, pues, en ocasiones, la escalada de agresión de los menores responde a la necesidad de defenderse de un mundo hostil que les devuelve señales negativas y los rechaza.
Por otro lado, prever los diferentes cursos que puede adoptar el trastorno es importante. Una vez constituido el TC, dependiendo de las medidas que se hayan adoptado, se darán derivaciones diferentes en las siguientes etapas del ciclo vital. Debemos ser conscientes de que puede evolucionar hacia un trastorno de personalidad en los chicos y hacia dificultades temperamentales de severidad importante en las chicas.
Por tanto, ante la demanda, los elementos esenciales para la valoración son entender de qué estamos hablando, comprender el sentimiento del menor, identificar el momento en el que se encuentra, reconocer los signos más representativos de su persona y analizar cuidadosamente las características de los sistemas en los que interactúa (familiar, social y escolar).
Para construir esta visión compartida, conviene contrastar la información de distintas personas y situaciones. Observar qué sucede antes y después de una conducta, y en qué circunstancias aparece, permite reconocer patrones sin dar por hecho que todos los episodios tienen la misma causa. Así, el equipo puede acordar objetivos realistas y evitar respuestas contradictorias entre los distintos contextos.
Identificación y valoración de necesidades del alumnado con trastorno de conducta
El objetivo de la identificación y valoración de NEEs o necesidades especiales es determinar las actuaciones educativas o ayudas que será preciso proporcionar al alumno con esas necesidades, reflexionando sobre la adecuación de la respuesta educativa a las necesidades y características reales de este alumnado.
Antes de iniciar la valoración, es necesario tener claro que se debe establecer un vínculo entre la persona que evalúa, el menor evaluado y aquello que se evalúa. Tendremos en cuenta que cada alumno tiene sus propios tiempos; la estrategia consiste en establecer un ritmo adecuado a su particularidad y necesidad. Además, por el tipo de trastorno, la valoración es una oportunidad para que el menor conozca una nueva forma de relación, comunicación y trato, muy diferente a la que está acostumbrado en su vida cotidiana.
La valoración debe buscar respuestas plurales con un abordaje integral y global: el TC se considerará desde un criterio multicontextual y con una intervención multidisciplinar: médica, psicopedagógica y escolar, además de contar con la participación activa del entorno familiar, los padres o tutores.
En el caso del TC, las competencias principales involucradas en el proceso de valoración son las ligadas a las conductas relacionadas con la interacción y el vínculo social, así como con el cumplimiento y la aceptación de las normas sociales propias de la edad. Estos aspectos son prioritarios en el proceso de identificación de necesidades.
Para que la valoración sea útil, es importante basarla en información recogida en más de un contexto y tener en cuenta la perspectiva del propio alumno, además de la de su familia y el centro. Compartir con ellos qué se va a observar y para qué puede favorecer la colaboración y hacer que el proceso resulte más comprensible y predecible.
Guión del proceso de valoración del caso de trastorno de conducta
Valoración de las características básicas del alumno
En lo referente a su cuerpo y la sexualidad (qué imagen tiene de sí mismo, cómo cuida su cuerpo, manifestaciones en torno a su sexualidad), las emociones (detección de variaciones del estado de ánimo, manifestaciones de cuadros de ansiedad o tristeza, temores o miedos), los actos de pensamiento (qué alteraciones existen en la función comunicativa, tipos de pensamientos y razonamientos) y los comportamientos (tipo de conductas no normativas, como desobediencia, oposición, agresividad, violencia, conductas de riesgo, etc.).
Esto implica una interacción no intrusiva con él, pues una actitud intrusiva incrementaría el rechazo y la posición de defensa. También supone decidir cuántos profesionales van a interactuar con él para evitar que se sienta “juzgado por un tribunal”, recurriendo a mecanismos alternativos a la típica entrevista. Se busca conseguir una definición de su situación con el consentimiento del niño para hablar en un entorno en el que se sienta seguro y confiado; la conversación será uno de los ejes vertebradores del proceso de identificación de necesidades. Incidiremos en aspectos cualitativos, a través de una observación detallada y adaptada a sus tiempos, sin precipitarnos, valorando la intensidad y la frecuencia de las conductas, así como los contextos en los que se dan.
Valoración de las condiciones contextuales en las que interacciona el alumno
Desde la perspectiva escolar, el currículo es el referente básico para la identificación de NEEs y para la determinación de los servicios específicos que necesita el alumno. La valoración nos debe aportar el tipo y grado de especificidad de las adecuaciones curriculares necesarias en relación con el menor y los medios de acceso al currículo que habrá de facilitársele. Para ello, haremos hincapié en aspectos tales como las competencias actuales en relación con el currículo, las dificultades en el aprendizaje, las dificultades en el aula en la interacción con los profesores y otros alumnos, y los intereses o preferencias. Desde la perspectiva de la familia y su contexto social, se tendrán en cuenta los aspectos afectivos y las relaciones interpersonales con su familia y su contexto social. Se profundizará en aspectos que nos ayuden a entender el malestar subjetivo que determina el trastorno.
Necesitaremos información sobre todo lo relativo a antecedentes familiares relacionados con problemas de aprendizaje y/o comportamiento, el desarrollo del niño (ámbito motor, lenguaje, relación...), su forma de comportarse actualmente en casa u otros ambientes, posibles problemas familiares y la forma en que establece relaciones o vínculos sociales. El fin es la identificación de factores y variables que puedan promover las conductas del menor.
Valoración del momento evolutivo en el que se encuentra el trastorno
Dependiendo del momento temporal del trastorno (véase el apartado 2: “momento temporal en el que se encuentra el trastorno”), será necesario adecuar las pautas de actuación y definir las prioridades de la intervención. Dado el carácter no estático del trastorno, las necesidades no serán las mismas cuando se encuentra en el momento de instalación del sufrimiento que cuando ya está entregado a una conducta desafiante y antisocial. La etapa final de la valoración será la elaboración de un relato con toda la información, como recurso para sintetizar y reflexionar sobre el proceso realizado. Esto nos permitirá personalizar la atención integral que necesita el alumno y dotarla de continuidad en el tiempo. Realizada la valoración, entraríamos en la fase de intervención, con la generación de un plan de actuaciones y apoyos en los diferentes contextos, un plan de seguimiento y una evaluación del plan y/o rectificación de actuaciones y apoyos.
Para que una intervención sea eficaz, se requiere que los centros, como instituciones educativas, reciban suficiente atención por parte de los equipos psicopedagógicos (psicólogos, pedagogos y trabajadores sociales), una dotación suficiente de profesores de apoyo que puedan dar respuesta a la atención personalizada y especializada, y un nivel mínimo de formación específica para el profesorado ordinario (tutores y especialistas), que son los verdaderos agentes del tratamiento en el continuum escolar. Una vez que las conductas de acción se conviertan en conductas de pensamiento, estaremos asistiendo al proceso de transformación.
En el aula, puede resultar útil acordar pautas claras y compartidas: anticipar los cambios de actividad, dar instrucciones concretas y mantener límites comprensibles. Reconocer los avances y ofrecer una respuesta tranquila y coherente ante las conductas problemáticas ayuda a reducir la incertidumbre. Estas medidas deben ajustarse a las necesidades del alumno y revisarse a partir de su evolución, en coordinación con la familia y los profesionales implicados.
El seguimiento permitirá comprobar si los apoyos acordados se aplican de forma consistente y si favorecen la participación y el bienestar del menor. Si una medida no produce el efecto esperado, el equipo podrá revisar las circunstancias en que se aplica y adaptar el plan, en lugar de mantener una respuesta que no esté dando resultado.
Este artículo es meramente informativo, en Psicología-Online no tenemos facultad para hacer un diagnóstico ni recomendar un tratamiento. Te invitamos a acudir a un psicólogo para que trate tu caso en particular.
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- CHILD & ADOLESCENT MENTAL & BEHAVIOURAL DISORDERS: Management (World Health Organization)
- Bolea, E., Burgos, F.J., Duch, R. & Vilà, F. Los trastornos de Conducta. Módulo Asignatura “Intervención Psicopedagógica en los Trastornos del Desarrollo”. Barcelona: UOC.
- American Psychiatric Association (A.P.A). (2002). Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (D.S.M. IV-TR). Barcelona: Ed. Masson.
- Trastorno disocial de la conducta - monografias.com. Recuperado el 20 Abril, 2008 de http://www.monografias.com/trabajos20/trastorno-disocial/trastorno-disocial.shtml
