Qué es el masking en psicología y cómo detectarlo
La gran mayoría de nosotros, en algún momento de nuestra vida, hemos fingido sentirnos bien cuando en realidad estábamos pasando por un mal momento. En otras ocasiones, hemos adaptado nuestra forma de comportarnos en función del contexto. Sin embargo, cuando este esfuerzo por esconder quiénes somos o cómo nos sentimos se convierte en una estrategia constante para encajar, puede aparecer un fenómeno conocido como masking en psicología.
En los últimos años, el interés por el masking emocional ha crecido a raíz de las investigaciones sobre el autismo y otras formas de neurodivergencia. No obstante, este comportamiento no es exclusivo de las personas autistas. Cualquier individuo puede desarrollar mecanismos para ocultar emociones, rasgos de personalidad o necesidades con el objetivo de evitar el rechazo, la crítica o la discriminación.
En este artículo de Psicología-Online te contamos qué es el masking, por qué ocurre, cuáles son sus principales señales y cómo dejar de hacerlo.
Qué significa el masking en psicología
El masking (del inglés to mask, ‘enmascarar’) es el conjunto de estrategias conscientes o inconscientes que una persona utiliza para ocultar aspectos de sí misma y adaptarse a las expectativas sociales. Dicho de otro modo, es el esfuerzo por modificar la conducta, las expresiones emocionales, la comunicación o incluso la personalidad para parecer «normal», aceptable o socialmente adecuada.
El masking puede incluir comportamientos como:
Sonreír aunque se esté experimentando tristeza o ansiedad.
Reprimir emociones consideradas negativas.
Copiar la forma de hablar o comportarse de otras personas.
Evitar mostrar intereses personales por miedo al juicio.
Forzarse a mantener contacto visual o determinadas expresiones faciales.
Preparar conversaciones mentalmente antes de interactuar.
Aunque estas conductas pueden resultar útiles de forma puntual, mantenerlas durante largos periodos supone un importante desgaste psicológico.
Por qué las personas hacen masking
Aunque las razones que llevan a una persona a desarrollar masking son muy variadas, en la mayoría de los casos el objetivo es protegerse del rechazo social. Los seres humanos necesitamos pertenecer a un grupo, pero si alguien percibe que ciertas características propias generan críticas, burlas o exclusión, puede aprender a esconderlas para sentirse aceptado.
De hecho, en muchas ocasiones esta estrategia se desarrolla de forma automática durante la infancia y termina convirtiéndose en un hábito del que la persona apenas es consciente.
Entre las causas más frecuentes de hacer masking se encuentran:
Haber sufrido experiencias de rechazo o acoso.
Crecer en entornos donde expresar emociones estaba mal visto.
Sentir presión por cumplir determinadas normas sociales.
Tener baja autoestima.
Vivir con ansiedad social.
Intentar evitar conflictos familiares o laborales.
Formar parte de un colectivo que ha experimentado discriminación.
Síntomas y señales del masking emocional
Como hemos visto, el masking en psicología consiste en modificar aspectos de uno mismo para encajar. Sin embargo, cuando el fin es esconder, minimizar o cambiar las emociones reales para mostrar aquellas que se consideran más aceptables, hablamos de masking emocional.
Identificar este patrón no siempre es sencillo, ya que muchas personas llevan años practicándolo. Sin embargo, existen algunas señales habituales.
Los síntomas más frecuentes son:
Sensación constante de estar interpretando un papel.
Dificultad para identificar las propias emociones.
Miedo intenso a decepcionar a los demás.
Sonreír automáticamente incluso cuando se está sufriendo.
Evitar pedir ayuda por temor a parecer vulnerable.
Adaptar excesivamente la personalidad según el grupo.
Terminar agotado después de las reuniones sociales.
Tener la sensación de no saber quién se es realmente.
Además, el problema de ocultar emociones continuamente es que estas no solo no desaparecen, sino que la supresión emocional, que requiere un importante esfuerzo cognitivo1, suele asociarse con mayores niveles de estrés, ansiedad y malestar psicológico2.
Masking y neurodivergencia
Una de las áreas de la psicología que más ha investigado esta estrategia es la neurodiversidad, especialmente el Trastorno del Espectro Autista (TEA). De hecho, muchas estrategias provienen de la relación masking y autismo, ya que muchas personas con este perfil tienden a ocultar su forma de procesar el mundo para adaptarse a las normas sociales.
Para ello pueden imitar expresiones faciales de otras personas, forzar el contacto visual, aprender respuestas sociales de memoria o ensayar conversaciones antes de mantenerlas. También pueden reprimir movimientos o conductas de autorregulación y copiar gestos, tonos de voz o expresiones de quienes les rodean.
En algunos casos, el masking puede dificultar el diagnóstico del autismo, especialmente en mujeres y personas con perfiles de alta capacidad de adaptación. Asimismo, aunque el fenómeno suele relacionarse con el autismo, la relación entre neurodivergencia y masking también se da en otras condiciones, como el TDAH, el síndrome de Tourette, en Altas Capacidades y en personas sin ningún diagnóstico que han aprendido a esconder partes importantes de sí mismos.
Consecuencias psicológicas del masking
Mantener una máscara durante mucho tiempo tiene un fuerte coste emocional. El principal problema es que la persona termina dedicando una enorme cantidad de energía mental a controlar cada palabra, gesto o reacción, lo que puede derivar en una sensación de agotamiento permanente.
Algunas de las principales consecuencias psicológicas del masking son:
Estrés crónico
Ansiedad
Síntomas depresivos
Fatiga emocional
Baja autoestima
Sensación de vacío o pérdida de identidad
Dificultades para establecer relaciones auténticas
Aumento del riesgo de burnout, especialmente en personas neurodivergentes
Otra consecuencia del masking es la sensación persistente de ser un fraude: aunque los demás valoren positivamente a la persona, esta siente que ese reconocimiento no está dirigido a su verdadero yo, sino al personaje que ha construido para ser aceptado.
Cómo dejar de hacer masking
Una vez entendido qué es el masking en psicología, es importante entender una cosa: dejar de usar esta estrategia no significa dejar de adaptarse a cualquier contexto social. Todas las personas ajustamos parcialmente nuestro comportamiento según la situación. La diferencia está en que esa adaptación no implique renunciar continuamente a nuestra identidad.
Toma conciencia del patrón
El primer paso consiste en identificar en qué situaciones aparece la necesidad de ocultarse y qué emociones o características intentas esconder.
Aprende a reconocer tus emociones
Llevar un diario emocional o practicar técnicas de atención plena puede facilitar ayudarte a reconocer tus propios estados internos.
Busca entornos seguros
Sin duda, una de las estrategias más eficaces para dejar de hacer masking es rodearse de personas que acepten tu autenticidad. Esto reducirá poco a poco tu necesidad de mantener una máscara constante.
Practica la autoaceptación
Todas las personas tienen fortalezas y vulnerabilidad. Comprender esto te ayudará a reducir el miedo al rechazo.
Busca ayuda psicológica
Cuando el masking provoca ansiedad, agotamiento o dificultades importantes en la vida diaria, acudir a terapia te permitirá desarrollar estrategias de regulación emocional más saludables y fortalecer la autoestima.
En personas con autismo u otras formas de neurodivergencia, muchos especialistas recomiendan que el objetivo terapéutico no sea enseñar a enmascarar mejor los rasgos personales, sino promover contextos más inclusivos, habilidades de comunicación adaptadas y una mayor aceptación de la diversidad neurológica.
Este artículo es meramente informativo, en Psicología-Online no tenemos facultad para hacer un diagnóstico ni recomendar un tratamiento. Te invitamos a acudir a un psicólogo para que trate tu caso en particular.
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John, O. P., Gross, J. J. (2004). Healthy and unhealthy emotion regulation: Personality processes, individual differences, and life span development. Journal of Personality, 72(6), 1301–1334.
Gross, J. J., John, O. P. (2003). Individual differences in two emotion regulation processes: Implications for affect, relationships, and well-being. Journal of Personality and Social Psychology, 85(2), 348–362.
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- Lai, M.-C., Lombardo, M. V., Auyeung, B., Chakrabarti, B., Baron-Cohen, S. (2015). Sex/gender differences and autism: Setting the scene for future research. Journal of the American Academy of Child & Adolescent Psychiatry, 54(1), 11–24.
