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El teatro terapéutico: definición y beneficios

Jorge Villalonga
El teatro terapéutico: definición y beneficios

Desde tiempos remotos los seres humanos nos hemos reunido para celebrar, y compartir las historias transmitidas por nuestros ancestros.

El Teatro tiene su origen en los primeros rituales sagrados, y su naturaleza tribal ha funcionado siempre como cohesionador de la comunidad, transmitiendo los mitos de generación en generación, y permitiendo a los individuos entrar en un espacio donde pueden expresarse libremente y digerir sus emociones mas reprimidas, a través de las emociones que experimentan los actores, los espectadores transitamos las emociones propias. En el Teatro no existe el mando a distancia, es una experiencia de profundo contacto que se da en el momento presente.

Para jugar al Teatro necesitamos de otras actrices/actores y del público, si te sientes solo y aislado en esta sociedad cada vez mas “digitalizada”, un grupo de Teatro es un camino para relacionarte y desarollar tus habilidades sociales.

Si te interesa conocer más sobre este tema sigue leyendo, pues en este artículo de Psicología-Online explicamos la definición y los beneficios del teatro terapéutico.

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Qué es el teatro terapéutico

El Teatro es una gran herramienta de autoconocimiento porque nos ayuda a darnos cuenta de lo que realmente sentimos, gracias a la despenalización que conlleva la experiencia Teatral, al identificarnos con “El Villano”, o con “El Héroe” cuando por fin consigue su venganza, nosotros también contactamos con nuestro villano y nuestro héroe interno.

“Jugar a ser otro”, nos conecta con partes de nosotros mismos que puede que tengamos completamente negadas, y a veces es muy gracioso, cuando hacemos la integración de lo que hemos representado en un taller, como nos empeñamos en recalcar: “Yo no soy así, he hecho esto porque era Teatro”
Nos cuesta reconocer nuestro talento creador, y aceptar que al fin y al cabo siempre es uno mismo quien ha creado el personaje. Por ello, el Teatro nos permite comprender cómo creamos los roles con los que nos identificamos y como al final acabamos confundiendo nuestra identidad real, con el rol que desempeñamos.

Podemos establecer un paralelismo entre el proceso de socialización, que acaba por conformar nuestra personalidad cuando somos niños, y como un actor puede aprender un “personaje” que está escrito en un texto, de alguna manera, un buen actor tiene que defender su personaje, pensar como él piensa, sentir lo que él siente, desear lo que el personaje desea… y sobre todo necesita creerse el papel para hacerlo creíble a los otros.

Igual ocurre en la vida cotidiana, inconscientemente sabemos que no hay mejor estrategia para convencer a los demás de los deseos de nuestro personaje, que la de convencernos a nosotros primero, y esto funciona muy bien en la sociedad, el problema es que nos olvidamos de nuestra verdadera naturaleza, al identificarnos excesivamente con los deseos neuróticos que estamos empeñados en conseguir, creyendo que si los satisfacemos alcanzaremos la felicidad.

En el arte de actuar y en el arte de vivir el conseguir establecer la distancia justa entre el personaje y el actor, o entre la personalidad y el Yo profundo, es todo un reto.
Dicen los maestros de actuación que si estas demasiado lejos del personaje que representas, no tienes la fuerza para actuarlo, pero que si te apegas demasiado tampoco, pues te falta la distancia necesaria para no confundirte con el personaje.

Del mismo modo ocurre en la vida cotidiana con nuestro ego, que no es más que un personaje aprendido en la infancia, y que fue necesario para nuestra supervivencia en aquel ambiente, pero si nos lo creemos demasiado, en la etapa adulta se convierte en una limitación evidente, pues no somos capaces de ver el mundo en toda su amplitud, y nos vemos aprisionados en un sistema de condicionamientos, tanto a nivel cognitivo, emocional, y motriz, que hace de nosotros meras máquinas de estímulo/respuesta dentro de una obra de Teatro con un guión bastante pobre.

¿Porque decimos que el guión de la obra en la que estamos inmersos y defendemos a capa y espada es bastante pobre? Simplemente por el hecho que es un guión prestado, es un guión que hemos aprendido de nuestros padres, y de su entorno, y que ellos, a su vez lo aprendieron de sus padres... así en una cadena inmemorial, toda ella, inmersa en una civilización, que en su afán de socializar y domesticar, no ha sido muy respetuosa con la creatividad y la salud de nuestro niño interior.

Evidentemente, hay cosas maravillosas que hemos aprendido de nuestros padres, y de nuestro entorno, la edad adulta puede ser una oportunidad para digerirlas y rescatarlas… para separar el trigo de la paja, y ver qué aspectos del guión aprendido, son nutritivos y deseables, y cuales son meros residuos de un pasado “en automático”.

El Teatro Terapéutico es una excelente herramienta para poder explorar nuevos personajes, hasta ahora poco conocidos en nuestro limitado repertorio habitual, pues crea un ambiente seguro, en el que se nos permite atrevernos a experimentar nuevos roles, sin exponernos peligrosamente a respuestas indeseadas de nuestro entorno social.

Por ejemplo podemos representar una escena en la que le decimos a nuestro jefe, que nos parece un pelmazo, expresándole todo lo que nos encantaría poder decirle, sin arriesgarnos a ser despedidos… o podemos explorar nuestra capacidad de seducción, o el miedo al ridículo, creando escenas para investigar estos temas, sin correr riesgos innecesarios.

En el fondo se trata de conquistar una mayor libertad expresiva, pues los personajes que representamos en este espacio, no tienen porque ser lógicos, ni reales, ni razonables, simplemente se nos da una oportunidad para poder ser otra persona, una posibilidad para poder dejar de actuar compulsivamente el “papel conocido”, y entrar en una manera diferente de pensar, actuar, y sentir.

Qué es el teatro terapéutico

El teatro terapéutico según terapeutas y dramaturgos

Si a un adulto le haces la pregunta ¿te sentías más libre de pequeño o ahora? Quizás la respuesta nos sorprenda y nos encontremos con que a pesar de la autonomía que ahora tiene se sentía más libre cuándo era niño. Entonces ¿qué ha pasado? Resulta que conforme vamos creciendo nos hacemos más sabios, sí, pero también nos encerramos más en nosotros mismos y en vez de convertirnos en seres más libres acabamos siendo prisioneros de nuestro propio ser interno y terminamos mostrando a los demás una persona pública que, a veces, discrepa mucho de lo que realmente somos por dentro.

La vergüenza, la inseguridad, la culpabilidad, la presión social, las expectativas, el miedo al rechazo o al ridículo, la intolerancia a la frustración, entre otras cosas condicionan la vida de muchas personas y a la larga terminan causando grandes problemas psicológicos (ansiedad, depresión, problemas de habilidades sociales, etc.).

¿Cuál es la función del teatro terapéutico entonces? ¿De qué forma puede ayudar a las personas a sentirse un poco más libres?

Virginia Satir (1916 - 1988)

Una excelente terapeuta familiar estadounidense, afirmaba que cualquier persona siempre tiene cosas nuevas de sí misma que puede que no haya descubierto todavía y jugando a ser otros, haciendo teatro, podemos sorprendernos de nosotros mismos. Satir utilizaba el teatro en terapia familiar, por ejemplo, en su técnica de las 'Esculturas Corporales' para ver el rol que juega cada miembro de la familia. A través de la disposición de las esculturas (miembros de la familia) se puede observar quién se relaciona con quién en el grupo familiar o la distancia emocional entre los miembros entre otros aspectos de la dinámica familiar.

Augusto Boal (1931 - 2009)

Dramaturgo, director de teatro y sobre todo gran activista cultural fue otro autor que recurrió al teatro como herramienta para mejorar la calidad de vida de poblaciones especiales o en riesgo de exclusión social y afirmaba que cuando una persona se expone sobre las tablas para mostrar su realidad de las cosas y sobre el escenario modifica esa realidad a su antojo, vuelve a su vida diaria cambiado. Aunque ese cambio no se haya dado realmente en su vida, el mero hecho de haberlo expuesto ha sido un activador transformador interior.

En psicoterapia, se recurre al psicodrama, desarrollado por el psiquiatra Jacob Levy Moreno (1889 - 1975) con el fin de que los pacientes no solo cuenten sus problemas sino que actúen sobre sus problemas en ese mismo momento a través de representaciones dramáticas de sus propios conflictos, representando por ejemplo encuentros con personas no presentes que forman parte de las preocupaciones internas del propio paciente, sobre lo que estos ausentes pueden estar pensando o sintiendo, hablamos de un futuro posible imaginado o por ejemplo de aquello que no pudimos decir en un momento dado y lo decimos en la sesión.

En definitiva, el teatro terapéutico es una herramienta facilitadora para el autoconocimiento personal y por ende, para el desarrollo psicológico y social. No hay dudas sobre los beneficios curativos que podemos obtener del teatro y que desde los talleres de Teatro Terapéutico se desea fomentar a través de ejercicios lúdico-prácticos basados en el juego, las improvisaciones, el humor, o la creación de conflictos para poder influir en los procesos mentales y emocionales y facilitar, de esta forma, la búsqueda del autoconocimiento y muy importante, la búsqueda de esa libertad tan ansiada.

Este artículo es meramente informativo, en Psicología-Online no tenemos facultad para hacer un diagnóstico ni recomendar un tratamiento. Te invitamos a acudir a un psicólogo para que trate tu caso en particular.

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