Compartir

La Autoestima: Evolución y impacto en la adolescencia

La Autoestima: Evolución y impacto en la adolescencia

La autoestima es un elemento del autoconcepto. Si una de las tareas propias del desarrollo es la de construir un concepto de sí mismo, resulta esencial que ese concepto de sí mismo posea connotaciones positivas y ajustadas a la realidad. Es decir ¿nos hace sentir igual el pensamiento de que somos capaces de hacer algo cuando tenemos una idea de nosotros mismos como inhábiles en un terreno? Está claro que el conocimiento que cada sujeto construye de sí mismo, no es únicamente un conjunto de rasgos o características sin repercusión en otros ámbitos.

Qué es la Autoestima

Estamos hablando de la autoestima. Podemos definir la autoestima como el conjunto de juicios que hacemos acerca de cómo somos. Estos juicios llevan asociados, a su vez, un conjunto de emociones y sentimientos. Las expresiones del tipo "soy torpe ante situaciones sociales" suponen un análisis del sujeto en varios niveles:

  1. Comparación respecto a otros que son hábiles o considerados como inteligentes o capaces.
  2. Pueden llevar asociados pensamientos acerca de lo dificultoso (si no imposible) de remontar esas situaciones, ya que en muchas ocasiones se entienden dichas posibilidades o aptitudes como características de los sujetos y no modificables.
  3. Estos pensamientos y juicios llevan aparejados sentimientos de incompetencia, ansiedad, etc.
  4. El individuo evalúa, comparando, lo que él cree que es.

Pero, ¿comparado con qué? William James apunta el fundamento de la autoestima en la distinción y comparación entre el Yo real y el Yo ideal, es decir, entre lo que el sujeto es y lo que piensa o siente que debería ser. En los últimos años, Higgins establece una distinción en la que introduce un nuevo elemento de crucial importancia:

  1. Yo presente o real. Suponen las representaciones que tienen los individuos acerca de lo que son, de los atributos que le caracterizan.
  2. Yo ideal. Está compuesto por las representaciones del conjunto de atributos que al individuo le gustaría poseer.
  3. Yo debiera. Este Yo estaría conformado por el conjunto de representaciones que el sujeto considera que debería poseer. Según la autora, este nivel del yo se nutriría de las expectativas y percepciones sobre aquellos derechos, obligaciones y responsabilidades que los individuos creen que les serian propios.

Parece claro que nuestro sistema de creencias sobre nosotros mismos tiende a compararse con otro sistema de representaciones y creencias sobre lo que querríamos o deberíamos ser. Estas comparaciones nos harán caer en la cuenta de la existencia o no de discrepancias entre ambos sistemas. Tradicionalmente se ha insistido en que las discrepancias pueden ser generadoras de desajustes en el individuo. Actualmente se considera que a lo largo del desarrollo se producen, de forma natural y en diferentes magnitudes, dichas discrepancias.

La evolución de la autoestima

Los años preescolares

La capacidad para comparar el Yo real y el Yo ideal aparece relativamente pronto. Antes de los siete años los niños son capaces de enumerar un buen número de rasgos que le caracterizan y de qué cosas hacen bien. Sin embargo, su autoestima está conformada por un conjunto de informaciones dispersas y no conectadas. Así, el niño puede decir que es muy valiente o que ayuda a recoger su habitación sin conectar esas habilidades con otras áreas más generales de su actuación ni, por supuesto, de su personalidad.

Por ello, Harter apunta a que los preescolares no poseen autoestima global sino un conjunto de primeras autoestimas. Hacia los dos o tres años, los niños se perciben a sí mismos como competentes en general y expanden esa percepción a todas las áreas: físicas e intelectuales. Esta tendencia se encuentra relacionada con las informaciones que los cuidadores o los padres les ofrecen y que, generalmente, son aduladoras y positivas, informaciones que van modificándose con los años, volviéndose mas exigentes.

Hacia el final del periodo preescolar el niño se vuelve mucho mas sensible a las valoraciones que hacen los adultos acercad e su conducta, pensamientos y emociones. Sus sentimientos frente al éxito y el fracaso están muy relacionados con la reacción del adulto ante ellos. El niño aprende pronto que sus conductas son evaluadas por otros y comienza a anticipar las reacciones de los demás frente a dichas conductas. Estas evaluaciones resultan un elemento fundamental sobre el que construirá su evaluación.

Por ello, mientras que un niño pequeño tiende a comenzar un amplio número de tareas y persistir sistemáticamente en ellas, durante los años finales del periodo preescolar los niños tienden, al contrario, a abandonar prematuramente la tarea y explicitan que no lo van a poder hacer. Esto supone la expresión de una mayor conciencia de sus capacidades y se relaciona con la importancia atribuida a la valoración que otros harán sobre el resultado de su actuación.

Asimismo, muestra una progresiva distinción entre habilidades o capacidades y esfuerzo, de manera que, con los años, los niños van tomando conciencia de que la voluntad y el trabajo no es siempre sinónimo de éxito. Si este comportamiento de abandono prematuro e injustificado se produce sistemáticamente puede, asimismo, ser síntoma de una baja autoestima, inseguridad y pueden ser indicio de sujetos excesivamente dependientes de las informaciones del entorno.

La autoestima a través de los años escolares

Las discrepancias entre el Yo real y el Yo ideal tienden a aumentar desde los siete años y se seguirá incrementando hasta la preadolescencia. A lo largo de la etapa escolar los niños tienen una mayor tendencia y capacidad a la autocrítica, lo que repercute que se revise su autoconcepto y, como consecuencia, la autoestima se vea afectada.

Entre los siete y once años se observa un descenso de la autoestima que puede ser explicado atendiendo a varios factores. Por un lado, el desarrollo cognitivo permite a lo sujetos nuevas capacidades para establecer de forma mas ajustada, diferencias entre lo que les gustaría poder hacer y ser y las habilidades y aptitudes que realmente poseen y entre hechos, creencias, deseos, etc.

Asimismo, tienen una visión mas realista de sus capacidades y también de sus limitaciones, es decir, menos positivas pero mas ajustadas que en edades anteriores. Un factor que influye decisivamente en esta revisión de su autoconcepto y de sus repercusiones en la autoestima es, de nuevo, el progreso propio de estas edades en el ámbito del desarrollo social: su capacidad para inferir lo que los otros piensan, sienten o esperan respecto a su actuación y la importancia que atribuyen a defraudar o cumplir dichas expectativas.

El proceso de socialización en el que crecen inmersos los individuos supone la adquisición de un conjunto férreo de normas y expectativas que acaban siendo asumidas por los sujetos como propias. Hacia los siete u ocho años los niños ya han internalizado de forma muy consistente lo que los demás esperan de ellos y, por otra parte, ya conoce un amplio conjunto de normas y reglas acerca de muy diversos órdenes.

Para Higgins estas normas y expectativas sirven al niño como una potente fuente de comparación respecto de su Yo real. Es decir, estas internalizaciones serian referentes, "auto-guías" con las que el niño compara su actuación y competencia real. Con la edad, estos referentes pueden modificarse siempre y cuando vaya también desarrollando un sentimiento de autonomía e independencia. Otro aspecto de esencial importancia que se desarrolla durante estos años es la formación de toda una constelación de representaciones, muy influidas por variables del entorno social y de las pautas de crianza, acerca de la posibilidad o no de cambiar sus competencias y actuaciones.

Por ejemplo, un niño puede pensar que es torpe para las matemáticas y tener asumido de igual modo que la inteligencia, como herramienta de comprensión de dicha materia, es innata o no se puede variar, es decir, "se es torpe" para las matemáticas. Estas pautas de crianza a las que hacíamos alusión son uno de los referentes para la adquisición de una buena autoestima. Unos padres cariñosos que muestran interés por los diversos aspectos de desarrollo de niños y adolescentes y que expresan expectativas razonables y ajustadas a las capacidades de sus hijos, suelen generar en ellos un sentimiento de autovaloración positiva y de bienestar.

Estos padres y, en el ámbito académico, los maestros y profesores aportan a los niños y adolescentes sensación de independencia y competencia. Por el contrario, padres represivos, autoritarios, excesivamente preocupados por las comparaciones con otros niños, adolescentes o modelos suelen generar en sus hijos una autoestima baja, ya que estos asumen la necesidad de modelos exteriores que controlen su comportamiento y que sus rasgos son permanentes, es decir, con poca o nula posibilidad de cambio.

Los padres que utilizan pautas de crianza sobreprotectoras pueden llegar a generar el mismo tipo de autovaloraciones. El grupo de iguales es otro referente importante durante estas edades, ya que los niños tienden a compararse sistemáticamente con otros y a tomar muy en cuanta sus opiniones y valoraciones sobre ellos mismos. El afianzamiento y pleno rendimiento de su teoría de la mente, hace que los niños tomen muy en consideración cualquier valoración de los otros ya que él también las realiza sobre ellos.

El autoconcepto generado durante estos años y su valoración resultan de gran importancia para el posterior desarrollo psicológico y emocional. Muchas de las visiones que sobre uno mismo adquiere durante la infancia, especialmente durante el final de esta etapa, resultan difícilmente modificables en edades posteriores.

Autoestima y adolescencia: alcanzar una identidad

Durante la preadolescencia y los primeros años de la adolescencia, los sujetos experimentan un ligero descenso en su autoestima que se irá recuperando progresivamente. Se han apuntado diversas causas como explicación de este descenso. Para algunos autores (Symmons y Blyth), éstas se encuentran en los cambios biológicos y la necesidad de ajuste psicológico, y una mayor conciencia sobre sus diversos aspectos de la personalidad (y de su carácter contradictorio).

Otros, en cambio, señalan que el paso de la escuela primaria al instituto supone un cambio que origina en muchos jóvenes sensaciones de desasosiego y desorientación al pasar de un entorno confortable, controlado, en el que eran conocidos y en el que poseían una identidad, a otro en el que la mayor competitividad y una relación más adulta con los profesores, pueden hacer que su identidad y su autoestima se resientan.

Otra razón esgrimida para el descenso de la autoestima en la adolescencia es que el individuo añade a su espectro de expectativas y comparaciones nuevos ámbitos como el del amor o el de la competencia laboral y profesional. Esto lleva aparejadas una gran desorientación e inseguridad. Durante la adolescencia, una de las tareas mas trascendentes y difíciles para los sujetos es la de "encontrarse a sí mismos".

Como señalan Stassen y Thompson, deben construirse y afianzarse como seres independientes del entorno, sin embargo, lo hacen desde la necesidad de mantener conexiones con el pasado. Buscan y se empeñan en ser autónomos, pero a la vez precisan afianzar su pertenencia a un grupo asumiendo y aceptando valores, normas y principios de dicho grupo.

Resulta especialmente relevante la construcción de una identidad madura que se va adquiriendo paulatinamente en esta etapa de la vida y que se irá refinando a lo largo del resto de las misma. Este proceso y, sobre todo, su resolución tiene un papel importante en la autovaloración de los adolescentes.

De acuerdo con las posturas tradicionales de Erikson, en las sociedades complejas los adolescentes se encuentran sometidos a presiones de muy diversa índole que les llevan a revisar su Yo real, su autoconcepto y que promueven una revisión de éste y de la autoestima asociada al mismo. El modelo de Erikson supone cuatro momentos de cualidad diferente como el camino a recorre en el logro de una identidad ajustada aunque señala que dicho camino no es lineal ni supone que todos los individuos alcancen dicha identidad considerada como optima. De hecho, durante la vida adulta, se presentan crisis de identidad que pueden suponer el regreso momentáneo del sujeto a algunas fases de identidad no resueltas:

Los individuos que se instalan en el primer y segundo estado o momento de identidad resultaran individuos problemáticos, en permanente estado de crisis de identidad y, por tanto susceptibles de sentirse desadaptados. Lo contrario ocurre con los individuos que se encuentran en fase de Identidad de Compromiso que tienden a evolucionar hasta el cuarto estado, sin duda, el que supone un mayor ajuste del sujeto a la realidad. En la actualidad el periodo de adolescencia ya no es interpretado en términos de crisis, tal y como lo definía Erikson. No obstante, lo cierto es que durante esta etapa, los individuos han de integrarse de forma madura en nuevos retos y ámbitos que anteriormente resultaban alejados o simplemente inexistentes. Una identidad adecuada, saludable psicológicamente y que lleva aparejada un alto grado de autoestima realista, es aquella que define a un individuo comprometido con valores y metas no impuestas, sino elegidas por sí mismo o que las busca activamente. En ambos casos, se trata de individuos que indagan en la realidad y en sí mismos. Unos padres que sirvan de apoyo y un entorno familiar acogedor psicológicamente hablando, un lugar donde se puedan expresar las emociones, las ideas y la visión de la realidad, con argumentaciones razonadas y firmes, proporciona a los individuos una fuente de gratificación y seguridad que le empujan a explorar el entorno y a sentirse mas competente, de forma general en su gestión de la vida.

Autoestima y adolescencia: alcanzar una identidad

Este artículo es meramente informativo, en Psicología-Online no tenemos facultad para hacer un diagnóstico ni recomendar un tratamiento. Te invitamos a acudir a un psicólogo para que trate tu caso en particular.

Si deseas leer más artículos parecidos a La Autoestima: Evolución y impacto en la adolescencia, te recomendamos que entres en nuestra categoría de Psicología Evolutiva.

Escribir comentario sobre La Autoestima: Evolución y impacto en la adolescencia

¿Qué te ha parecido el artículo?

La Autoestima: Evolución y impacto en la adolescencia
1 de 2
La Autoestima: Evolución y impacto en la adolescencia
Volver arriba