Qué es la procrastinación emocional y por qué evitamos lo que sentimos
¿Alguna vez has pospuesto una decisión importante porque te generaba ansiedad, miedo o frustración? ¿Has evitado una conversación pendiente porque no querías enfrentarte a lo que sentías? A este intento de evitar el malestar psicológico se le conoce como procrastinación emocional, y dista mucho de la falta de disciplina.
Aunque evitar ese malestar puede proporcionar alivio inmediato, a largo plazo puede aumentar la ansiedad, la culpa y la sensación de estar estancados. Por ello, en este artículo de Psicología-Online te contamos qué es la procrastinación emocional y por qué evitamos lo que sentimos.
¿Qué es la procrastinación emocional?
La procrastinación emocional consiste en posponer tareas, decisiones o situaciones debido a una dificultad para gestionar las emociones que aparecen. Es decir, en lugar de afrontar aquello que nos incomoda, buscamos alternativas que nos permiten sentirnos mejor a corto plazo.
Según las investigaciones de Sirois y Pychyl1, procrastinar puede funcionar como una estrategia de reparación del estado de ánimo: evitamos una actividad porque nos provoca malestar y priorizamos sentirnos mejor en el presente, aunque eso perjudique nuestros objetivos futuros.
Por ejemplo, alguien que teme suspender un examen puede posponer el estudio para no enfrentarse a esa inseguridad. Otra persona puede evitar buscar empleo porque anticipa el rechazo. En ambos casos, el aplazamiento reduce temporalmente el malestar, pero no resuelve el problema que lo provoca.
¿Por qué evitamos lo que sentimos?
Evitar las emociones desagradables es una respuesta humana habitual. El problema aparece cuando se convierte en la principal estrategia para afrontar situaciones difíciles.
Aliviar la ansiedad cuanto antes
Cuando una tarea despierta ansiedad, dejarla para más tarde puede producir una sensación inmediata de alivio. Sin embargo, el cerebro aprende que evitar esa situación reduce el malestar y puede repetir la conducta en el futuro. Por tanto, el alivio es temporal, ya que la tarea sigue pendiente y puede generar todavía más preocupación conforme se acerca la fecha señalada.
Miedo al fracaso o al rechazo
El miedo a equivocarse, decepcionar a otras personas o recibir críticas puede hacer que empezar una tarea resulte especialmente difícil.
Además, en ocasiones, no evitamos únicamente la actividad, sino también lo que creemos que su resultado dirá sobre nosotros. Es decir, si asociamos un error con ser incapaces o no tener suficiente valor, cualquier desafío puede convertirse en una amenaza para nuestra autoestima.
Perfeccionismo y autoexigencia
Las personas que sienten que deben hacerlo todo a la perfección suelen tener mayores dificultades para empezar, ya que esperan tener más tiempo, más energía o mayor seguridad antes de ponerse manos a la obra.
Dificultad para regular las emociones
La regulación emocional no consiste en eliminar lo que sentimos, sino en reconocer, comprender y gestionar nuestras respuestas emocionales de una manera flexible. Y cuando una persona tiene dificultades para tolerar la frustración, la incertidumbre o la tristeza, puede recurrir a la distracción, la evitación o el aplazamiento para reducir su intensidad.
¿Cómo identificar la procrastinación emocional?
No todos los retrasos son procrastinación. Posponer una actividad porque estás enfermo, necesitas descansar o tienes otras prioridades puede ser una decisión razonable. En cambio, la procrastinación suele implicar aplazar voluntariamente algo que tienes intención de hacer, aun sabiendo que el retraso puede perjudicarte.
Algunas señales de procrastinación emocional son:
- Evitar conversaciones importantes por miedo a la reacción de la otra persona.
- Repetir el mismo patrón aunque conozcas sus consecuencias negativas.
- Distraerte constantemente para no pensar en un problema.
- Esperar a sentirte motivado o completamente preparado antes de empezar.
- Posponer tareas porque generan ansiedad, inseguridad o frustración.
- Experimentar alivio al aplazar una tarea, seguido de culpa o preocupación.
Identificar estas señales permite cambiar el enfoque: en lugar de preguntarte únicamente por qué te falta disciplina, puedes explorar qué emoción estás intentando evitar.
Aquí te damos algunos consejos para que aprendas a controlar las emociones.
¿Cómo dejar de procrastinar por motivos emocionales?
Superar este patrón no consiste en obligarte a trabajar más ni en ignorar tus emociones. Todo lo contrario: se trata de aprender a tolerar el malestar sin permitir que determine todas tus decisiones.
Identifica qué emoción estás evitando
Antes de posponer una tarea, detente unos segundos y pregúntate qué te ocurre. ¿Tienes miedo a equivocarte? ¿Estás saturado? ¿Te preocupa no estar a la altura? Poner nombre a la emoción puede ayudarte a comprender qué necesitas y a elegir una respuesta más útil.
Divide la tarea en pasos pequeños
Una actividad demasiado grande o ambigua puede generar sensación de desbordamiento. En lugar de proponerte terminar un proyecto completo, define una acción concreta: abrir el documento, leer dos páginas o dedicar cinco minutos a organizar la información. El objetivo inicial no es completar la tarea, sino reducir la barrera de entrada.
Aprende a tolerar el malestar
No necesitas sentirte perfectamente bien para empezar. Puedes experimentar nervios, dudas o falta de motivación y, aun así, dar un pequeño paso.
Ten en cuenta que esta habilidad se desarrolla progresivamente, así que en vez de esperar a que desaparezca la ansiedad, practica actuar con ella presente, siempre que la situación sea segura y manejable.
Sustituye la autocrítica por una actitud comprensiva
Insultarte por procrastinar puede aumentar la culpa y hacer que quieras evitar todavía más la tarea. La autocompasión, en cambio, permite reconocer las dificultades sin convertirlas en un juicio sobre tu valor personal.
Así que la próxima vez, recuerda que estás teniendo dificultades con una situación concreta. No eres una persona incapaz.
Busca ayuda si el patrón te limita
Si la procrastinación emocional afecta continuamente a tus estudios, trabajo, relaciones o bienestar emocional, un psicólogo puede ayudarte a identificar sus causas, desarrollar estrategias de regulación emocional y cambiar tu conducta.
Aquí te damos algunos consejos para que puedas dejar de procrastinar.
Este artículo es meramente informativo, en Psicología-Online no tenemos facultad para hacer un diagnóstico ni recomendar un tratamiento. Te invitamos a acudir a un psicólogo para que trate tu caso en particular.
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Sirois, F. M., Pychyl, T. A. (2013). Procrastination and the priority of short-term mood regulation: Consequences for future self. Social and Personality Psychology Compass, 7(2), 115–127. https://doi.org/10.1111/spc3.12011
- Procrastinación, ¿es un trastorno o solo un rasgo de la personalidad? (2019). El Diario. Recuperado de: https://www.eldiario.es/era/procrastinacion-trastorno-solo-rasgo-personalidad_1_1166898.html
- Pychyl, T. A., Sirois, F. M. (2016). Procrastination, emotion regulation, and well-being. En F. M. Sirois y T. A. Pychyl (Eds.), Procrastination, health, and well-being (163–188). Academic Press. https://doi.org/10.1016/B978-0-12-802862-9.00008-6
- American Psychological Association. Why we procrastinate and what to do about it, with Fuschia Sirois, PhD. https://www.apa.org/news/podcasts/speaking-of-psychology/procrastinate
