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Qué son los celos en psicología

Qué son los celos en psicología

Creer o no en la evolución, en la selección natural o en el génesis. Una creencia es suficientemente capaz para crear todo un universo, un universo en donde exista justicia, en donde se practique el amor, en donde se encuentre la felicidad y en donde se adiestren valores. Así es como se forman los celos según la psicología, «a través de las creencias, significados y conceptos que le atribuimos a todo aquello que presuntamente conocemos». Una creencia nos permite conferir de significados aleatorios y automáticos a casi todo lo que nos contornea la existencia y a casi todos los acontecimientos que son asequibles a nuestros sentidos. En este artículo de Psicología-Online, vamos a ayudarte a que comprendas de manera mucho más ordenada, beneficiosa y profundamente qué son los celos en psicología.

Qué son los celos según la psicología

José Ingenieros (2017) decía que el ideal es un gesto del espíritu hacia alguna perfección y que la evolución humana es un esfuerzo continuo del hombre para adaptarse a la naturaleza, que evoluciona a su vez. Por tanto, los ideales (creencias) son formaciones naturales, que aparecen cuando las circunstancias propicias determinan la imaginación. No son entidades misteriosamente infundidas en los hombres ni nacen del azar, se forman como todos los fenómenos accesibles a nuestra observación. Son efectos de causas, accidentes en la evolución universal.

La función de los celos

En la mayoría de los mamíferos incluidos los seres humanos, se produce este instinto de adaptación, este que nos permite ahorrar energías y fuerzas vitales necesarias para preservar la especie: el enamoramiento.

Charles Darwin, en su libro Expresión de las emociones en los animales y en el hombre, 1872 ya hacía la observación de que los animales se sienten atraídos unos por otros, «se enamoran unos de otros». El enamoramiento, propuesto desde un argot filogenético como una fuerza capaz de encauzar nuestras creencias a algún tipo de perfección romántica que, como lo propuso José Ingenieros (1913), los ideales (creencias) son formaciones naturales en las que nos vemos compelidos cada vez más para poder sobrevivir.

Los enamorados anhelan, ansían, aspiran, se encaminan o se encauzan a esta perfección romántica al igual que los animales, en donde exista una cierta exclusividad con el compañero sexual, operando bajo la expectativa de que se cumpla justicia a este anhelo: “yo espero que me ames solo a mí, espero que me dediques el tiempo que me merezco, necesito que solo me veas a mí, quiero que me ames solo a mí, quiero que te entregues completamente a mí, si me amas debes estar de acuerdo con todo lo que yo decida porque soy tu pareja, deberías estar solo conmigo y apoyarme en todo lo que yo quiero porque soy tu pareja.”

Si no se cumplen todas estas expectativas, no solamente se observa al compañero sexual como injusto, sino que, se comienza a extrapolar esta omisión de justicia a todo lo que de algún modo pueda aportarle esa seguridad: las personas son injustas, los hombres son injustos, las mujeres son injustas, el universo es injusto. Ante esta inseguridad, al anular la existencia del otro – quien también tiene sus propias expectativas o creencias del universo – se comienza la cacería, comenzamos a custodiar a nuestra pareja como si de un trozo de carne se tratara, un objeto inanimado que es capaz de brindarme la seguridad de que el mundo es como yo quiero. Esta obcecada vigilancia son los celos, un mecanismo desarrollado en la evolución, un efecto de una causa.

La manifestación de los celos

Los celos se manifiestan cuando la persona desconfía de su pareja y la interroga acerca de sus actividades (universidad, trabajo, amigos, etc.). Expresando malestar y enfado cuando encuentra a su cónyuge conversando con alguien o cuando este queda de salir por un café con algún amigo sin estar él o ella presente. La desconfianza es mayor cuando este no logra una confesión del con quien estaba hablando o de que estaban hablando, con quien se vio el otro día y que hicieron toda esa tarde. La persona que sufre los celos pareciera desear un reporte o informe a diario sobre su cónyuge y para eso lo o la hostiga constantemente.

Los celos también pueden ser manifestados por algo que llamaremos "eufemismos" en donde se expresa algo que es considerado "malo, extraño, anormal, enfermo o patológico", pero de una forma casi oculta o disfrazada. La persona que sufre los celos no reclama ni exige un reporte o informe ni se presenta como una persona desconfiada pero tienen actitudes groseras y denigrantes hacia la pareja, proyectando toda esa inseguridad y miedo al otro, también intentan minimizar a nivel profesional, social y/o personal a la pareja, critican las actividades que realiza el cónyuge (como algún deporte que practique, el tipo de música que escucha, el gimnasio, las fiestas, etc.) y también termina por criticar directamente a la persona y a su entorno social (su físico, su personalidad, sus valores, su familia o amistades) con la finalidad de no sentirse inferior en ningún momento.

Puedes comprobar si eres una persona celosa mediante el siguiente test de celos.

Qué son los celos en psicología - Qué son los celos según la psicología

A qué se deben los celos

Tras ver qué son los celos, procederemos a analizar el origen de los celos. ¿A qué se deben? ¿Por qué se producen?Helen Fisher (2004) cree que esta característica del enamoramiento evolucionó por dos motivos: para evitar que nuestros antepasados varones fueran infieles y criaran a otros hijos, así como evitar que nuestras antepasadas perdieran a su potencial marido y padre de sus hijos ante una rival. Esta ansia de exclusividad sexual permitió a nuestros ancestros proteger su precioso ADN, al reservar casi todo su tiempo y energía para el cortejo de la persona amada.

De dónde surgen los celos

Para no tener que retroceder constantemente a millones de años en la evolución, podríamos solo intentar recordar el origen de nuestras creencias: nuestra infancia. — ¿De qué forma me amaron mis padres? — Formando una interpretación psicoanalítica, podríamos especular no desde un plano de victimización donde “todo lo que hago ahora, es por culpa de mi padres”, sino desde uno que nos permita ser creativamente superadores, entendiendo nuestra estructura mental para poder reestructurarla después, mediante la integración de cada uno de los eventos significativos que constituyan o configuren mis creencias.

Un tacto ecléctico al parecer, pues también abordamos en conjunto con un enfoque cognitivo conductual, es decir, «entender el origen de las creencias y así poder reevaluar si son ventajosas o no para nuestra evolución romántica humana». Retomando lo que explicaba José Ingenieros, en donde las creencias son un esfuerzo continuo del hombre para adaptarse a la naturaleza, podríamos inferir que como humanos en ocasiones somos expuestos involuntariamente a una familia y a una sociedad (naturaleza), a la cual nos vemos obligados a adaptarnos por lo que inteligentemente creamos ideas para poder hacerlo.

Para el psicoanálisis durante nuestra infancia nos manejamos en una relación simbiótica con nuestra madre y en la misma relación atravesamos nuestro narcisismo primario, de la cual posteriormente surge nuestra autoestima (que es la valoración de uno mismo). Ambos guardan una relación inversamente proporcional (cuando el narcisismo es alto, la autoestima es baja y viceversa).

En nuestros primeros años no identificamos que exista un mundo externo, todo lo placentero “soy yo” y todo lo displacentero es “no yo” mi madre es “yo”, y así se van formando e instaurando en nuestra psique células narcisistas: si mi madre me da el gusto cuando lloro porque siento que hay un aumento de cantidad (frustración/displacer), proveniente del deseo de querer que me den el gusto (podría ser un juguete o comida), obtengo placer y una caída de la cantidad (frustración/displacer), mi madre me proporcionó placer (al igual que pasa con los bebés cuando les dan el pecho, hay aumento de cantidad de energía), ya no siento frustración y he creado una idea, he creado un mecanismo de la evolución. Me adapté, condicioné, aprendí que cuando lloro me dan el pecho, que cuando pataleo me dan el gusto, que cuando me quedo de brazos cruzados con el ceño fruncido y sin hablarle a nadie, alguien vendrá a consolarme y consentirme.

Por qué se producen los celos

En el ejemplo anterior, donde se menciona el anhelo de justicia en una relación, se presenta a un ser inconsciente de el origen de sus ideas, del origen de la expectativa de justicia en una relación romántica, se ignora por completo que, al igual que cuando somos niños, tenemos la creencia de que mi pareja (mi madre) debe demostrarme que el mundo es seguro y que puedo confiar en los demás sabiendo que esta pareja me arrancará toda creencia de amenaza, tenemos un anhelo de exclusividad.

Al igual que cuando lloramos por el pecho de la madre, mantenemos esta relación de amor pasiva y narcisista, donde no tolero la frustración, donde no tolero el “no” y en donde no puede haber injusticia (mi pareja no puede ser injusta: no me puede decir que no, no me puede cancelar una cita, no puede compartir con alguien más porque ese tiempo es para mí, no me puede rechazar una llamada, no me puede dejar en visto los mensajes) y es aquí cuando comienza la cacería que se mencionaba anteriormente, los celos. Este mecanismo evolutivo nos hará responder ante la amenaza.

Los celos no son amor

En los celos tenemos miedo de perder esa exclusividad, tenemos miedo a que se cometa una injusticia, tenemos miedo a que el amor se acabe, miedo a nunca encontrar la felicidad o estar perdiéndola, miedo a que todos los valores inmaculados no se practiquen para mi vida. Tenemos miedo a perder, así que comenzamos a buscar pistas, controlar a nuestro nuevo objeto de amor para que no nos abandone o traicione, comenzamos a creer en esto, que nosotros tenemos el control, que somos dioses de nuestro propio universo, en donde la existencia del otro se anula y per se sus creencias de justicia, amor, felicidad y valores, sin considerar que cuando experimentamos temor tratamos de ejercer el control aunque esto agrave las cosas y por eso mismo nos mentimos, por eso mismo preferimos mantener nuestras creencias más primitivas, porque duele, duele el saberse imperfecto.

Ambrose Bierce (1999) definía los celos como el miedo a perder algo que si se perdiera por lo que se teme no valdría la pena haberlo conservado.

— ¿Por qué intentar y forzar a alguien que se quede para amarnos? — Aun descubriendo que nuestra pareja no cumplió con nuestras expectativas de exclusividad (justicia, amor, felicidad, valores, etc.) y eligió encaminar su vida acompañado de otro ser, se busca mantener esta relación.

Se teme perder a esta pareja porque nos preocupa que alguien nos lo arrebate por ser más guapo, más exitoso, más talentoso según nuestras creencias. Es decir, que aunque nosotros seamos capaces de amarlo y competentes para renunciar a nuestro narcisismo y a ese amor pasivo, entiendo y respetando la libertad y la existencia del otro, este puede decidir irse y renunciar a esto.

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Qué son los celos en psicología - A qué se deben los celos

Celos patológicos

En primer lugar será necesario ver si los celos son síntoma de un trastorno psicológico o no. Para el manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales DSM 5 (2013) los celos son un subtipo del trastorno delirante, en donde el tema central del delirio del individuo es que su cónyuge o amante le es infiel. Definición que puede dilucidar destacadamente el concepto de celos como causa de nuestras creencias, ya que también define a los delirios como creencias fijas que no son susceptibles de cambio a la luz de las pruebas en su contra, esto quiere decir que no son fáciles de contradecir por la simple contradicción justificada.

Cuando nuestras creencias se vuelven rígidas o inflexibles es cuando se augura peligro a nuestra salud, pues la sola razón de que nuestras creencias nos causan ansiedad, miedo o dolor de manera, quizá, casi crónica puede abrir un amplio y variado cuadro de comorbilidad patológica (algún trastorno del estado de ánimo, trastornos de la conducta alimentaria, trastornos del sueño, trastornos por consumo de sustancias).

Pero la sola inflexibilidad de nuestras creencias no bastan para determinar un diagnóstico de celotipia; agreguemos dos puntos clave para poder discernir y diferenciar el trastorno delirante con subtipo de celotípico de los celos no patológicos.

1. Las creencias

Mis creencias pueden ser inflexibles y rígidas por lo tanto pueden crear un ambiente poco gratificante y placentero para mí, provocando miedo o ansiedad por la inseguridad de que mi pareja me abandone o engañe. "Tengo la creencia de que mi pareja me será infiel" ¿Pero qué hago con este miedo o ansiedad? Es aquí donde nos orientamos a la acción, pues la sola creencia rígida que nos crea un malestar no es suficiente para crear un diagnóstico.

Como se explicaba anteriormente, los celos son un mecanismo evolutivo, un mecanismo de supervivencia por el que la mayoría de los mamíferos nos resguardamos y amparamos. Siendo de esta forma, podríamos aludir que la mayoría de nosotros (seres humanos) lo empleamos y así protegemos nuestro ADN: todos sufrimos de celos en algún momento. Por ejemplo, cuando eramos niños sentíamos celos del amor que mamá le daba a uno de nuestros hermanos, como lo explica el psicoanálisis en donde la etapa de latencia del desarrollo psicosexual (que se presenta al rededor de los 7 años de vida) es cuando empezamos a tener que ganar el amor de los demás, principalmente el de mamá (regalando dibujos, regalando cartas, sacando buenas notas).

También hemos sentido celos en el trabajo porque veo que a mi jefe le agrada mucho el nuevo empleado sobre el que yo tengo la creencia de que es más atractivo y exitoso, aunque en realidad esto no sea así. Los celos los padecemos todos, solo hay que saber identificarlos y para esto podemos utilizar la siguiente premisa: "los celos son el miedo a perder algo" y ese algo está guardado inconscientemente en personas (miedo a perder seguridad, respeto, amor, prestigios, etc.). Ya que la mayoría de veces somos conscientes de que perdemos a "alguien" (a Juanito/ a María) pero no somos conscientes de que perdemos "algo" con este ser.

Al aceptar que en algún momento nos sentimos amenazados o inferiores lleva a un proceso de mejora en el nivel de funcionamiento (calidad de vida). Al aceptarlo dejamos de pretender que es falso y dejamos de disfrazarlos proyectándolos en la pareja o haciéndola sentirse inferior. Aceptar que es un mecanismo de supervivencia nos permite ponerlo en diálogo, por lo tanto, la oportunidad de sanarlo y reducir la angustia y/o a ansiedad que esto pueda generar.

No está mal sentir celos, lo que está mal es lo que hacemos con ellos. Como se explicó, nuestras creencias también se forman por esa relación simbiótica que tuve con mi madre en la infancia donde tenía la oportunidad de salir de mi narcisismo primario. Sentimos celos porque sentimos miedo y, al ser creativamente superadores, nos brindamos la oportunidad de responsabilizarnos de nuestras creencias aprendidas y dejar de victimizarnos por lo que hayan hecho mis padres o si sufrimos una pérdida prematura que nos ocasiona miedo ahora en nuestra adolescencia o al ser adultos, brindemos la oportunidad de sanar esta experiencia.

2. La acción

La acción es todo lo que llegamos a realizar de forma conductual en reacción a nuestras creencias. Si tengo miedo de que me sea infiel, voy a destruir el teléfono de mi pareja, le voy a prohibir que salga con estos amigos, le voy a prohibir que vaya al trabajo, me voy a lastimar para que se quede conmigo, voy a perseguirlo para saber que es lo que hace. Estas acciones pueden llevar a un deterioro del funcionamiento de la persona. La acción, la negación y la seguridad e inflexibilidad de lo que se cree a pesar de las evidencias que lo contradigan, sí pueden ser síntomas de un trastorno delirante: la celotipia.

Este artículo es meramente informativo, en Psicología-Online no tenemos facultad para hacer un diagnóstico ni recomendar un tratamiento. Te invitamos a acudir a un psicólogo para que trate tu caso en particular.

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Consejos
  • La asistencia o intervención de un profesional es la primera de la primer recomendación que hago, descubrir todo el trasfondo de nuestros malestares debe ser dirigido por un profesional en psicología.
Bibliografía
  • Bierce, A. (2017). Diccionario del diablo. Editorial Verbum.
  • Darwin, C. (1946). La expresión de las emociones en el hombre y en los animales (Tesis Doctoral).
  • Fisher, H. (2004). Por qué amamos. Editorial Taurus, Alfagura
  • Ingenieros, J. (2010). El hombre mediocre (Vol. 54). Linkgua.

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3 comentarios
Su valoración:
Rubén santaolalla
Me encantó, gracias por compartir un contenido más completo y con excelente fundamento.
Su valoración:
Carlos Cremades
Excelente enfoque desde el psicoanálisis
Bryan Longo
Muchas gracias.
Su valoración:
Cristian
Interesante, muy completo
Bryan Longo
Muchas gracias por leer. Espero sea de ayuda.

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