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Tratamiento para la fibromialgia

Por Nicolás Ruiz-Robledillo. 16 enero 2018
Tratamiento para la fibromialgia

La fibromialgia es una enfermedad de carácter crónico y complejo, de causas inespecíficas, que genera dolor en la persona que la padece, el cual puede llegar a ser invalidante y afectar a nivel físico pero también psicológico. No se conoce un tratamiento determinado que cure dicha enfermedad, y a día de hoy se combinan una serie de medidas farmacológicas con la intervención psicológica y algunas terapias alternativas con el fin de mejorar la sintomatología y la calidad de vida de los pacientes.

En este artículo de PsicologíaOnline, abordamos la cuestión del tratamiento para la fibromialgia.

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Fibromialgia: tratamiento psicológico

La intervención psicológica en personas con fibromialgia tiene como principal objetivo controlar “los aspectos emocionales (ansiedad y depresión, principalmente), cognitivos (la percepción de la propia eficacia, la creencia sobre la capacidad personal para sobreponerse o manejar los síntomas de la fibromialgia), conductuales (actividades ordinarias que se ven reducidas o eliminadas como consecuencia de la fibromialgia) y sociales (impacto de la enfermedad en la esfera sociofamiliar del paciente) (García-Bardón, 2006).

Como demuestran los estudios, los pensamientos distorsionados y las creencias irracionales sobre la percepción de uno mismo y de su situación actual se relacionan directamente con el dolor y la incapacidad personal en el desarrollo de una enfermedad crónica. Además, el significado que el individuo aporta de la situación, la manera en la que construye y atribuye un significado a la misma, determina la percepción del dolor y la forma en la que se presentan los síntomas. Está claro que los esquemas cognitivos, al igual que sucede en otro tipo de patologías, juegan un papel crucial en el curso de la patología, suponiendo un importante factor de riesgo. Se ha demostrado que la existencia de cogniciones negativas acerca del dolor correlaciona con la intensidad percibida de este, el malestar emocional general del enfermo y la interferencia del dolor en la vida diaria. Además, los estilos de afrontamiento que pone en marcha el sujeto predicen el curso crónico de la enfermedad, las percepciones catastróficas sobre la misma o el temor a futuros problemas o lesiones. (Mingote et al. 2002).

En el estudio llevado a cabo por García-Bardón et al. (2006), el 68, 5% de los pacientes que se sometieron al programa de intervención desarrollado por los autores presentaban antes del tratamiento algún tipo de trastorno psicológico. Las patologías que aparecían con mayor frecuencia eran la distimia (19.2%), el trastorno depresivo mayor (17.8%), el trastorno ansioso-depresivo secundario a una enfermedad orgánica (12.3%), trastorno de ansiedad generalizada (2.7%) y el trastorno adaptativo (1.4%).

Como se puede observar, la intervención psicológica en este tipo de trastornos se ve justificada por la importante carga que tienen estos factores tanto en la evolución como en el mantenimiento de los síntomas. Pese a no estar clara la influencia de este tipo de factores en el origen de la fibromialgia, como ya se ha comentado, los estudios apuntan a varias hipótesis donde factores como el estrés o el sufrimiento de traumas pueden tener un papel importante y, por ende, la intervención psicológica a nivel de prevención primaria también jugaría un papel relevante.

La intervención psicológica se ha dividido frecuentemente en los estudios llevados a cabo sobre intervenciones en fibromialgia en aquellos que emplean terapia cognitivo-conductual y aquellos que emplean la educación/información como proceso terapéutico.

Tratamiento para la fibromialgia - Fibromialgia: tratamiento psicológico

Terapia cognitivo-conductual

Este tipo de intervención esta basado en la adición a las técnicas operantes propias de la modificación de conducta, todas aquellas estrategias cognitivas basadas en la distracción y en la transformación imaginativa del dolor y del contexto (Cruz et al. 2005).

Los resultados obtenidos en este tipo de intervenciones son significativos en la mayoría de investigaciones llevadas a cabo. En un estudio realizado por Moioli y Merayo (2005), tras la intervención donde se trabajaban técnicas de relajación (progresiva, pasiva y autohipnosis), autoconcepto, estados emocionales, habilidades sociales junto con un programa de entrenamiento físico, las pacientes mejoraban notablemente en diversos componentes de la enfermedad. Tras la finalización del programa, los niveles de ansiedad, depresión y dolor disminuyeron notablemente.

Estos resultados son comparables a los obtenidos en otro trabajo, donde se aplicó una intervención cognitivo-conductual basada en el entrenamiento en relajación, el desarrollo de estrategias de afrontamiento y la información sobre el dolor. En este estudio, llevado a cabo por Pérez et al (2010), los pacientes obtuvieron una mejoría clínica en la sintomatología ansiosa y depresiva. Según afirman los autores, la eficacia de este tipo de acercamientos en el tratamiento de la fibromialgia residiría principalmente en la enseñanza de estrategias de afrontamiento eficaces a los pacientes para hacer frente de forma adecuada a las demandas que presenta la enfermedad, haciendo posible una mejor adaptación del individuo al sufrimiento de esta, conllevando así una mejora en su estado emocional y en su calidad de vida.

Educación sanitaria

Las intervenciones que se sustentan en proporcionar al paciente información sobre la enfermedad, el curso de esta y su tratamiento también han resultado tener efectos positivos (García-Campayo et al. 2005; García-Bardón et al. 2007).

En un estudio llevado a cabo por Mayorga-Buiza et al. (2010), donde se aplicó un programa de intervención en educación sanitaria, se muestran efectos positivos en diversas variables de la enfermedad. El programa que se aplicó se basaba en el desarrollo de cuatro sesiones de educación, en un intervalo de dos meses, cuyo contenido de las sesiones consistía en información general de la enfermedad, explicación de la naturaleza benigna de la misma, orientación sobre las posibles causas, influencia del estado de ánimo y de los mecanismos de afrontamiento sobre su curso, información acerca de medidas físico/rehabilitadoras e higiene postural y técnicas de relajación. Tras la aplicación del programa, los pacientes mejoraron la percepción de su calidad de vida, se redujo la sintomatología ansioso-depresiva, y como resultado principal, los pacientes redujeron sus visitas a atención primaria en un 60%.

En otro estudio llevado a cabo por García-Campayo et al. (2005), donde se implantó una intervención basada en la exposición de información acerca de la enfermedad (qué es la fibromialgia, por qué se produce, cuáles son sus síntomas, cómo se diagnostica y qué medios existen para tratarla), los resultados se mostraron, de nuevo, significativos.

Fibromialgia: tratamiento farmacológico

Basándonos en la revisión sobre intervenciones farmacológicas realizada por Alegre et al. (2005), se observa como los fármacos que mayor relevancia han adquirido en el tratamiento de los pacientes con fibromialgia son los antidepresivos, principalmente, aquellos que se corresponden con el tipo de triciclicos y los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS). Se ha demostrado que dosis bajas de amitriptilina y ciclobenzaprina mejoran moderadamente el dolor, pese a la frecuencia de aparición de efectos adversos en los pacientes a los que se les administra estos fármacos.

Los estudios realizados con otros fármacos antidepresivos, como los ISRS (Inhibidores Selectivos de la Recaptación de Serotonina), se han centrado principalmente en la fluoxetina, aunque en general no queda claro en los diferentes estudios realizados según la revisión llevada a cabo por los autores, la eficacia de la administración de este tipo de fármaco antidepresivo en los pacientes. En este sentido, según la revisión realizada por Sarzi-Puttini et al. (2008), las diferencias en la respuesta a los diferentes tratamientos podría venir determinada por una diferenciación genética. Según el autor, recientes estudios acerca del polimorfismo genético han demostrado que en base al lugar donde se encuentre este, es decir, en el sistema serotoninérgico o en el sistema dopaminérgico, un tratamiento antidepresivo o dopaminérgico respectivamente, sería el más adecuado a prescribir.

En relación a otro tipo de tratamientos, donde se incluyen analgésicos, relajantes musculares, antiepilépticos o anticonvulsivos, los resultados también han sido dispares (Alegre et al. 2005, Sarzi-Puttini et al. 2008). Según las revisiones llevadas a cabo, los resultados no han sido satisfactorios debido en gran parte a las limitaciones de los estudios realizados, principalmente, debido al escaso número de pacientes participantes y a la concomitancia de tratamientos farmacológicos. De forma general, se ha encontrado cierta eficacia en la administración conjunta de analgésicos y antiinflamatorios no esteroideos, principalmente, en el dolor espontáneo, pero no en los “puntos gatillo” de los que se ha hablado anteriormente. Respecto a los relajantes musculares, solo mejoraron el dolor y el sueño a corto plazo, pero el efecto no se mantuvo a largo plazo, quizás por efectos de habituación propios de este tipo de sustancias. Los fármacos con propiedades antiepilépticas y/o anticonvulsivas han demostrado también resultados inconcluyentes, aunque se han mostrado efectivos en algunos estudios reduciendo niveles en dolor, sueño y fatiga.

En general, parece que el tratamiento farmacológico más efectivo reside en la implementación de intervenciones donde los antidepresivos conforman la piedra angular de la terapéutica, aunque los estudios no son concluyentes debido a diversas limitaciones. Se necesita una investigación mayor en este sentido, intentando reducir las limitaciones que presenta el estudio de una patología cuya etiología aún es desconocida y cuyo tratamiento, por tanto, también se convierte en incierto.

Tratamiento para la fibromialgia - Fibromialgia: tratamiento farmacológico

Fibromialgia: tratamiento fisioterapéutico

La mala condición física general de los pacientes que sufren fibromialgia puede contribuir a la perpetuación del dolor, por lo que uno de los tratamientos más recomendados en la enfermedad consiste en la realización de ejercicio aeróbico de baja intensidad (andar, montar en bicicleta o nadar en piscinas con agua caliente) (Cruz et al. 2005).

Según la revisión realizada por Fernández et al. (2008), la prescripción de ejercicio físico ha mostrado resultados significativos en la sintomatología desarrollada por los enfermos que padecen esta enfermedad. Según recoge el autor, los criterios proporcionados por el “American College of Sport Medicine” (ACSM), son los siguientes:

  • La frecuencia del ejercicio físico debe ser de al menos 2 días por semana, con una intensidad de ejercicio entre 40% y 85% de la frecuencia cardíaca de reserva, o entre el 55% y el 90% de la frecuencia cardíaca máxima.
  • Además, la duración del ejercicio debe ser de al menos 20 min. (entre 20 y 60 min), ya sea mediante ejercicios continuos o ejercicios intermitentes distribuidos a lo largo del día.
  • El uso de este ejercicio de tipo aeróbico debe extenderse a lo largo de, al menos, 6 semanas.

En una revisión citada por los autores (Busch et al. 2002, citado por Fernández et al. 2008), se estudiaron las conclusiones de diferentes estudios llevados a cabo con pacientes que sufrían fibromialgia a los cuales se les había aplicado un tratamiento basado en ejercicio aeróbico. Las conclusiones a las que llegaron los investigadores tras el análisis de estos estudios fueron las siguientes: las mejoras más significativas se encuentran en el factor de bienestar personal, aunque también se han encontrado efectos de nivel moderado en la forma física de los pacientes sometidos a este tratamiento. Sin embargo, los efectos de la intervención sobre la fatiga, el dolor o el sueño son, en general, débiles e inconsistentes. Además, tampoco existe evidencia sólida de que el ejercicio mejore de forma significativa el estado psicológico de los enfermos. La combinación de varias modalidades de ejercicio tampoco producía mejores resultados.

Actualmente, se han seguido llevando a cabo estudios, donde las intervenciones se han basado en la aplicación de programas de entrenamiento fundamentados en el ejercicio físico. En una revisión más actual de estos estudios (Fernández et al., 2008), se pone de manifiesto que uno de los problemas principales de este tipo de intervenciones es la falta de adhesión al tratamiento. En la mayoría de los casos, el dolor intenso, el estrés, la discapacidad, el estado de ánimo depresivo o el apoyo social son factores que impiden al individuo una implicación constante en el inicio y desarrollo del programa. Además, en congruencia con los resultados obtenidos en la anterior revisión, se pone de manifiesto que el ejercicio sigue sin mejorar de forma significativa y estable aquellos síntomas centrales del cuadro clínico, como son la fatiga, el dolor o el estado psicológico.

Los datos obtenidos en otras revisiones, resultan similares, aunque difieren en ciertos aspectos (Busch et al., 2008). En esta nueva revisión realizada como actualización por los mismos autores que la llevaron a cabo en el 2002, se obtuvieron resultados parecidos en relación al tamaño del efecto moderado del ejercicio aeróbico sobre la función física y general, pero también se encontraron efectos positivos sobre el dolor. Pese a las numerosas limitaciones que se presentan en los estudios, tal y como se ha descrito anteriormente, esta nueva revisión pone de manifiesto que el ejercicio aeróbico produce efectos significativos en la depresión, los puntos sensibles, el bienestar general, la función física, la autoeficacia y los síntomas.

En general, se hace necesario la investigación más en profundidad en este ámbito, intentando aplicar medidas y técnicas de intervención psicosociales que en un primer momento, fomenten la adhesión al tratamiento por parte de los pacientes, de forma que los investigadores tengan certeza de que éste ha llevado a cabo el programa de entrenamiento de forma adecuada. Para ello, se hace indispensable mejorar aspectos como el dolor o el estado psicológico del sujeto, con el fin de establecer una capacidad funcional base a partir de la cual, el enfermo pueda comenzar los ejercicios. La intervención psicológica en este punto puede ayudar al enfermo en el fomento de la adhesión al tratamiento y anteriormente, en la mejora de la función general del individuo que le permita llevar a cabo los ejercicios prescritos.

Tratamiento para la fibromialgia - Fibromialgia: tratamiento fisioterapéutico

Fibromialgia: tratamiento natural

La ausencia de tratamientos eficaces lleva a los pacientes a buscar intervenciones alternativas que puedan calmar los síntomas que padecen. En este sentido, las terapias alternativas son un campo de estudio olvidado en el desarrollo de las investigaciones en fibromialgia, pese a que los pacientes hacen uso de ellas en mayor o menor medida. La literatura actual no ofrece investigaciones suficientes para obtener conclusiones fiables acerca de la efectividad de la aplicación de este tipo de métodos en la reducción de los síntomas y la mejora de la calidad de vida de los pacientes, aunque algunos estudios ya empiezan a ofrecer algunos resultados.

En una revisión realizada por Llor (2008), se evidencia la capacidad de las terapias alternativas en la mejora de los síntomas de diversas patologías reumatológicas. En relación a la fibromialgia, la balneoterapia reduce el dolor de forma similar al ejercicio físico, además de mejorar la sintomatología clínica, principalmente el sueño. Por otro lado, la Talasoterapia, junto con ejercicio físico y la educación sanitaria contribuye a una mejora de los síntomas y de la calidad de vida en los pacientes. Respecto a la Termoterapia, esta mejora notablemente los síntomas al establecer baños de agua caliente (38 ºC) durante quince minutos junto con el tratamiento rehabilitador propio de la patología. El ejercicio en medio acuático es una de las terapias que más evidencia posee en relación a sus efectos sobre los síntomas. Los ejercicios en piscinas de agua caliente mejoran notablemente el dolor, los síntomas psicológicos, la capacidad física y la calidad de vida a corto plazo, manteniéndose a medio plazo la mejora en el dolor y los síntomas psicológicos.

Sin embargo, Thieme et al. (2003) encontraron evidencias en contra de la aplicación de programas de termoterapia en combinación con técnicas de relajación. Tras la aplicación de este tipo de intervención, los individuos mostraron más intensidad de dolor, mayor malestar emocional y mayor interferencia producida por el trastorno en el desarrollo de las actividades de la vida diaria.

De forma general, no existe evidencia empírica fiable acerca de los beneficios de este tipo de terapias en la patología objeto de estudio. Se hace necesario un estudio más exhaustivo de las posibilidades de aplicación de este tipo de intervenciones en los pacientes que sufren fibromialgia, con el objetivo de incluirlas o no, en planes terapéuticos estandarizados donde se integren diferentes técnicas cuyos resultados hayan sido probados.

Este artículo es meramente informativo, en Psicología-Online no tenemos facultad para hacer un diagnóstico ni recomendar un tratamiento. Te invitamos a acudir a un psicólogo para que trate tu caso en particular.

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