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Carencia afectiva: qué es, consecuencias y cómo curarla

 
Por Sara Sanchis. 29 junio 2020
Carencia afectiva: qué es, consecuencias y cómo curarla

La carencia afectiva se encuentra a la base de la gran mayoría de las manifestaciones de problemas emocionales, psíquicos y psicosomáticos de las personas a lo largo de su vida. El ser humano es un ser sociable que necesita vivir fraternalmente con el resto de personas, amar y ser amado. Los casos de carencia afectiva son resultado de una privación afectiva de las personas durante sus primeros años de vida llevada a cabo por parte de sus cuidadores de una manera no consciente en la mayoría de los casos.

En este artículo de Psicología-Online expondremos con detalle la importancia de este tema, las distintas manifestaciones que presenta en diferentes momentos evolutivos y los posibles tratamientos. A continuación veremos qué es la carencia afectiva, sus consecuencias y cómo curarla.

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Qué son las carencias afectivas según la psicología

Las carencias afectivas son la devastadora consecuencia de una de-privación afectiva en un niño durante su primera infancia, es decir, una falta de afecto o falta de cariño. Este periodo es fundamental en el ser humano para establecer las bases (de seguridad o inseguridad) sobre las que se desarrollará y construirá su posterior proyecto de vida.

El desarrollo óptimo y saludable de las personas requiere de un cuidado y atención afectivo-emocional positiva durante la primera infancia. En los casos en los que esto no ocurre como debería (por incapacidad parental, por enfermedad grave, por separación, etc.), puede instaurarse en el interior de la persona la sensación de carencia afectiva o falta de cariño, experiencia que la condicionará muy negativamente en casi todos los ámbitos de su vida, de no revertirse a tiempo la situación. La madre (o figura maternal sustituta) y la familia son las principales figuras responsables del cuidado afectivo de los niños durante su primera infancia. En gran medida se encuentra en sus manos el establecimiento de bases emocionales seguras, inestables o insuficientes en los niños.

Tipos de carencia afectiva

La carencia afectiva se gesta durante la primera infancia, como ya hemos mencionado, pero sus manifestaciones pueden darse a lo largo de toda la vida. Cuanto más pronto se manifesten y sean percibidas y atendidas, mejor será el resultado del tratamiento.

Carencia afectiva en niños/as

Muchas veces la carencia afectiva se manifiesta ya en edades tempranas de tres posibles maneras:

  • Con una respuesta de demanda afectiva continua: son niños dependientes que buscan continuamente estar acompañados y cuya autoestima depende de la valoración de los demás; necesitan, en muchas ocasiones, ser el centro de atención, para sentirse valorados; se frustran y enfadan cuando no son atendidos como creen merecer y necesitan; etc.
  • Con una respuesta de agresión, oposición y rechazo: su dolor interno lo exteriorizan sobre los demás (la madre u otras personas) y sobre el entorno con una conducta destructiva: conducta antisocial, retadora, insumisa, agresiva, autoritaria, etc. En este artículo hablamos sobre disciplina positiva para niños que con conductas agresivas.
  • Con una respuesta de indiferencia y falta de interés: en estos casos, el niño o niña se aísla y se esconde dentro de sí mismo o misma. De alguna manera, se desconecta del entorno para dejar de sufrir. En estos casos, los niños/as suelen ser pasivos o inactivos; con gran desarrollo de la imaginación, muy observadores y analíticos; poco comunicativos y expresivos; con grandes dificultades para las interacciones sociales; etc.

Carencia afectiva en adolescentes

Si la persona con carencia afectiva ha atravesado la infancia de una manera más o menos "normal", es posible que durante la adolescencia toda este malestar interno estalle. Las conductas más frecuentes entre los adolescentes que han atravesado estas vivencias son:

  • Conducta sexual precoz, inconsciente y de riesgo, con embarazos y posibles abortos en chicas, como consecuencia de esta conducta sexual inmadura.
  • Conducta antisocial, agresiva, dominante y, de nuevo, de riesgo, existiendo una alta probabilidad de delinquir, como medio de desahogo emocional.
  • Conducta de miedo y sumisión, con el consiguiente aislamiento social.
  • Conductas adictivas (alcohol, drogas, deportes de riesgo, etc) como medios de descarga fisiológica y emocional.
  • Conductas de maltrato hacia los propios padres, hacia la pareja, hacia desconocidos, etc.

Carencia afectiva en adultos

La carencia afectiva infantil, si no es detectada y tratada a tiempo, se manifiesta en la edad adulta, limitando a la persona en muchos aspectos de su vida. De este modo, y como hemos comentado hasta ahora, el adulto con carencias afectivas se comportará con uno de estos tres estilos conductuales predominantes (o con la combinación de varios):

  1. Estilo agresivo, poco empático, autoritario y antisocial.
  2. Estilo dependiente, controlador, celoso, acaparador, etc.
  3. Estilo miedoso, sumiso, con escaso contacto social, muy imaginativo, con características e intereses peculiares, etc.

Carencia afectiva paterna o materna

Toda carencia afectiva proviene de un insuficiente o ineficaz cuidado emocional durante la primera infancia. La gravedad de las consecuencias y la dificultad para superar esta carencia dependerá de varios factores:

  • el momento de inicio de la vivencia
  • el tiempo de duración
  • la intensidad de la negligencia

Cuanto más pronto se inicie la vivencia de no-atención/separación, cuanto más dure y cuanto más intensa sea, más negativas serán las consecuencias y más complicada su sanación. No obstante, nunca esto debe ser motivo para dejar de intervenir.

Carencia afectiva en la pareja

La manifestación de la carencia afectiva en la pareja puede ser resultado de una carencia afectiva en uno de los dos componentes de la pareja, incluso en ambos.

  • En muchos casos, personas con carencias afectivas establecen relaciones de pareja pero son incapaces de mostrar su afecto por las limitaciones personales que le ha supuesto su propia vivencia infantil.
  • En otros casos, la carencia afectiva o falta de cariño se manifiesta en una relación obsesiva, de dependencia, de control y de celos con respecto a la pareja, precisamente debido a su propia privación afectiva infantil.
  • En un tercer caso, la persona con privación emocional tratará a su pareja de manera agresiva, irrespetuosa y poco afectiva.

No es extraño ver como la combinación de estos perfiles de personas constituyen parejas:

  • El perfil agresivo con el dependiente: en estos casos existen altas probabilidades de que se den situaciones de maltrato.
  • El perfil pasivo con el dependiente: en estos casos, la persona dependiente acaba frustrada con la ausencia de su pareja.

Consecuencias de la carencia afectiva

¿La falta de afecto familiar tiene consecuencias? Sí, las personas que son víctimas de la carencia afectiva desarrollan un perfil inmaduro que da lugar a alteraciones de conducta y dificultades de aprendizaje. En términos generales, podemos nombrar como consecuencias de la carencia afectiva o falta de cariño las siguientes:

  • Trastornos emocionales: irritabilidad o agresividad, inestabilidad emocional, baja autoestima, ansiedad, depresión, deseos de suicidio, distorsión cognitiva de la realidad, etc.
  • Trastornos conductuales: conducta antisocial, retraimiento, falta de asertividad, resentimiento, desobediencia, falta de cooperación, insumisión o sumisión, dependientes, conductas inestables, etc.
  • Trastornos psicosomáticos: deterioro o inmadurez en el desarrollo y crecimiento, regresiones; propensión a las caídas y accidentes; alteración del esquema corporal; etc.
  • Trastornos cognitivos: déficit de atención, hiperactividad, falta de concentración, bajo rendimiento académico, dificultad para procesar la información, etc.

Tratamiento para el síndrome de carencia afectiva en adultos

Cuando una persona con carencia afectiva llega a su vida adulta sin haber recibido ningún tipo de ayuda, las consecuencias sobre su persona pueden haber generado grandes daños. No obstante, siempre es posible revertir la situación y para ello será necesario que el tratamiento permita, entre otras cosas:

  • Buscar el origen de su carencia afectiva (normalmente, ubicada en el ambiente familiar) y tomar conciencia del dolor que esto le ha provocado. Esto requiere un acompañamiento afectivo y respetuoso por parte del terapeuta, lo que le permitirá exteriorizar el dolor vivido y ser contenido como no lo fue en su momento
  • Tras este primer paso, resulta necesario ir desmenuzando toda su personalidad para comprobar de qué modo esta carencia afectiva y el dolor que le generó a modelado todas sus creencias sobre él mismo, sobre los demás y sobre el mundo, sus emociones y, consecuentemente, sus conductas.
  • Esta toma de conciencia junto con la afirmación del terapeuta de que su persona real tiene un gran potencial que ha sido limitado por el personaje que aceptó e interiorizó sobre sí mismo, le dotará de la motivación necesaria para emprender los cambios necesarios.
  • Iniciar un trabajo de re-estructuración cognitiva, abandonando todos los pensamientos negativos y absurdos y despertando su verdadero potencial desarrollando la escucha de sí mismo, de su propia intuición.
  • Re-afirmarse en el ser que realmente está naciendo y es realmente él.
  • Durante todo el proceso podemos hacer uso también del trabajo corporal, de respiraciones y relajaciones, etc. ya que mucho de lo psicológico y emocional queda anclado en el cuerpo. Trabajarlo, es una herramienta básica abrir parte de los bloqueos emocionales y no permitir que se vuelvan a instaurar.

Para realizar todo este trabajo se necesita por parte del paciente paciencia, constancia y valentía. No resulta un proceso sencillo ni rápido pero las soluciones definitivas requieren un trabajo completo y elaborado.

Este artículo es meramente informativo, en Psicología-Online no tenemos facultad para hacer un diagnóstico ni recomendar un tratamiento. Te invitamos a acudir a un psicólogo para que trate tu caso en particular.

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Bibliografía
  • Bielsa, A. Carencia afectiva. Centre Londres 94. Equip d'atenció per al desenvolupament i millora de la familia.
  • González, E. Educar en la afectividad. Facultad de Educación. Universidad Complutense de Madrid.

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