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Cómo superar un trauma psicológico

Por Jose Emilio Alberola Colomar. Actualizado: 9 mayo 2018
Cómo superar un trauma psicológico

Desde un enfoque psicobiológico, la aceptación del hecho traumático es un fenómeno mental por el que se alcanza el convencimiento pleno sobre la realidad del suceso percibido, su significado y sus consecuencias. Pero esto no implica la conformidad con el mismo, ya que por definición, el suceso traumático es perjudicial y no deseado.

Aprender a aceptar un suceso traumático implica reconocer que un hecho concreto ha destruido el estado de equilibrio y armonía que teníamos, que se ha producido un cambio nocivo en la percepción de uno mismo y/o del entorno vital y, muy probablemente, una alteración en las relaciones que manteníamos en el ámbito familiar, social o laboral, provocando todo ello un sentimiento de dolor y sufrimiento. También implica asumir que no podemos volver atrás en el tiempo, por tanto, no deberíamos seguir esforzándonos en que las cosas sean como eran antes y resistirse al hecho evidente e irremediable. Si quieres saber más acerca de este proceso, te invitamos a leer el siguiente artículo de Psicología-Online.

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Superar traumas emocionales: la necesidad de aceptación

La Naturaleza nos enseña que la adaptación de cualquier sistema vivo a los cambios del entorno es un requisito esencial para su supervivencia. Para que se produzca esta adaptación de forma estable y armoniosa es imprescindible que se mantenga un estado de equilibrio en el sistema, tal y como lo exige el principio termodinámico:

"Los sistemas abiertos tienden a mantener un estado inercial de resistencia al cambio, lo que les confiere estabilidad. En este sentido, todo sistema tiende a alcanzar el denominado "estado estacionario", que es aquél en el que todas las variables permanecen estabilizadas o con fluctuaciones dentro de márgenes de seguridad, de forma que, a cualquier perturbación externa, el sistema tratará de responder restableciendo el estado estacionario".

El sistema biológico encargado de lograr y mantener este estado es la homeostasis. En el ámbito del sistema cerebral humano los mecanismos homeostáticos psicológicos son eficaces ante sucesos perturbadores que generan cambios de poca trascendencia y nos adaptamos a ellos sin gran esfuerzo; pero cuando se trata de sucesos inesperados que afectan a la integridad física y/o psicológica y tienen consecuencias dramáticas para la persona, estos mecanismos homeostáticos no son tan eficaces y no pueden impedir sus efectos devastadores.

En estos casos, la primera defensa que pone en marcha la maquinaria homeostática es considerar un suceso traumático como algo ajeno a la realidad, considerar que el hecho no ha ocurrido o que no nos afecta, de forma que mientras no aceptemos la realidad, no podremos recuperar el equilibrio psicológico y la estabilidad emocional perdida (el estado estacionario exigido por la termodinámica). Si no hay aceptación, no puede haber adaptación generadora de bienestar psicológico (puede haber aceptación por resignación pasiva, pero sin bienestar). Por tanto, puede decirse que la aceptación de la nueva situación vital impuesta por el suceso traumático forma parte del mecanismo de la homeostasis psicológica.

Cómo superar un trauma psicológico - Superar traumas emocionales: la necesidad de aceptación

¿Los traumas se superan?

El proceso de aceptación de un suceso traumático es complejo y doloroso para la mayoría de las personas que lo sufren. Nos cuesta mucho aceptar que ya no tendremos lo que teníamos hasta ahora (salud, familia, amigos, trabajo, etc.), o que ya no tendremos lo que desearíamos tener, por eso la primera reacción ante un suceso traumático es negarlo o racionalizarlo con el fin de preservar el modelo del mundo que teníamos.

Para la persona que sufre el trauma la idea de rendirse, de abandonar el mundo familiar, profesional o social, de no estar implicado en el mundo que le rodea (un mundo que le ha defraudado o traicionado) es atrayente y emerge con enorme fuerza, y se complica aún más cuando el suceso le ha provocado un sentimiento de culpabilidad o un deseo ciego de venganza si atribuye la culpa a otra persona.

Por otra parte, una aceptación seguida de adaptación pasiva a la nueva situación, esto es, vivir la cotidianidad con resignación y plegada a la frustración y al sufrimiento, difícilmente puede considerarse una verdadera adaptación, para calificarla como tal tiene que procurar ausencia de turbación mental y generar bienestar psicológico. Además, debe ir acompañada de una motivación positiva hacia el futuro (por ejemplo, la ilusión de lograr un objetivo deseado).

Un aspecto relevante a tener en cuenta es que la contradicción cognitiva que se da en el suceso traumático es interna, se trata de una batalla que tiene lugar en nuestra mente, no en el entorno, lo que implica una lucha contra uno mismo en la que el modelo que teníamos de nosotros mismos y del mundo (lo que debería ser) se desvanece, y nos vemos obligados de repente a sustituirlo por uno nuevo (lo que es). Esta lucha interna es la base fundamental de la dificultad de la aceptación, pues requiere un proceso de razonamiento para comprender lo ocurrido y elaborar después una respuesta apropiada que no lleve a conductas desadaptativas. En este sentido León Festinger (1959) señala: “Los individuos tienen una fuerte necesidad interior que les empuja a asegurarse de que sus creencias, actitudes y su conducta son coherentes entre sí”.

 

El proceso de aceptación de un trauma

La aceptación requiere tiempo y esfuerzo, sobre todo considerando el estado emocional sobreexcitado debido a la tensión del momento que impone limitaciones a la eficacia de los procesos de razonamiento (principalmente porque la atención está centrada casi exclusivamente en el suceso y sus consecuencias, dejando a un lado otras circunstancias del entorno). Además, en esta lucha, un factor en contra es que la mente puede engañarnos conracionalizaciones, fabulaciones, proyecciones, disociaciones o negaciones para justificar la postura que nos interese.

No obstante, nuestra mente dispone de recursos suficientes para llevar a cabo con eficacia el proceso si sabemos emplearlos adecuadamente. Como resalta V. Ramachandran (2011): “la mente aborrece, en general, las incongruencias, y por tanto, dedica los recursos cognitivos necesarios a reducirlas o minimizarlas, pero solo cuando la situación sea lo suficientemente relevante, esto es, cuando tenga suficiente contenido emocional”.

Cómo superar un trauma psicológico - El proceso de aceptación de un trauma

La complejidad del proceso de aceptación.

Es evidente que no se pasa de la ocurrencia del suceso traumático a su aceptación directa y simultáneamente, sino que transcurre a través de un proceso de varias etapas en la que la aceptación es el estadio final que se alcanza cuando la persona reconoce y asume la realidad de la nueva situación (una aproximación descriptiva de estas etapas puede verse en el modelo de las cinco etapas del cambio de Elizabeth Kübler-Ross).

La dificultad del proceso mental de aceptación descansa en su complejidad y una forma de deshacer ésta es desglosar y analizar el proceso por partes. Atendiendo a las características señaladas anteriormente que definen a un suceso como traumático el análisis del proceso puede dividirse en distintas aceptaciones parciales:

  • Aceptar la posibilidad de que nos pueda ocurrir un suceso traumático.
  • Aceptar la existencia de deficiencias en nuestro modelo del mundo.
  • Aceptar el sufrimiento generado.
  • Aceptar nuestra naturaleza biológica.

Este artículo es meramente informativo, en Psicología-Online no tenemos facultad para hacer un diagnóstico ni recomendar un tratamiento. Te invitamos a acudir a un psicólogo para que trate tu caso en particular.

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Bibliografía
  • Bertalanffy, Ludwig (1976). Teoría general de los sistemas. Fondo de cultura económica.
  • Chinn, C.A.; Brewer, W.F. (1998). An empirical test of a taxonomy of responses to anomalous data in sience. Journal of Research in Science Teaching.
  • Kahneman, D. (2011). Pensar rápido, pensar despacio. Barcelona. Random House.
  • Kelly, G. (2001). La psicología de los constructos personales. Barcelona. Ed. Paidós.
  • Kübler-Ross, E.; Kessler, D. (2005).Sobre el duelo y el dolor. Ed. Luciérnaga.

 

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