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Inteligencia emocional en el trabajo

 
Por Bryan Longo. 28 abril 2020
Inteligencia emocional en el trabajo

La inteligencia se ha definido de diversas formas, como una capacidad de lógica, comprensión, aprendizaje, razonamiento, planificación, creatividad, pensamiento crítico, pensamiento abstracto, autoconciencia y resolución de problemas. Estas definiciones no están lejos de abordar el tema, pues son características de las que son dotados los seres humanos y es lo que muchas veces los distingue del resto mundo animal.

Aunque se sabe que animales de distintas especies también poseen algunas de estas capacidades, igualmente se reconoce que no cuentan con todas ellas o las manifiestan en un nivel de evolución filogenética muy primitivo. Se sabe que la inteligencia ha facilitado la integración de sujetos individuales a grupos, es decir, que mediante el uso de alguna de estas capacidades pudo ofrecerse al servicio, aceptación o admiración de los demás (un trabajo). En Psicología-Online te explicamos cómo un tipo de inteligencia puede contribuir positivamente a la vida laboral de cada uno: una inteligencia emocional en el trabajo.

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Qué es la inteligencia emocional y su importancia

La inteligencia emocional se ha descrito y propuesto por distintos autores desde hace ya muchas décadas y también desde hace más de un siglo por Charles Darwin. Este tipo de inteligencia hace referencia a la capacidad de entender el proceso emocional o afectivo propio y el de la demás personas. Es de menester describir que la inteligencia emocional no se contrapone a las que anteriormente se describían con intenciones inconscientes por homogeneizar las características particulares de cada sujeto: la inteligencia racional-lógica-deductiva.

La segunda inteligencia descrita muchas veces se utilizaba como referencia al éxito de las personas (por ejemplo, si alguien presentaba una efectiva comprensión de problemas matemáticos o en el memorizar datos por largos periodos de tiempo). Se degradaba así la parte emocional a algo animalesco, pueril y superfluo.

Tal y como mencionaba Charles Darwin (1872) que la inteligencia está basada en lo eficientes que las especies se vuelven al hacer las cosas que necesitan para sobrevivir, y hacer a un lado nuestra fuente racional o cognitiva por crear una apología al mundo de nuestras emociones no nos convertiría en las especies más eficientes para sobrevivir, ni a la inversa: no seríamos la especie más apta sobreviviendo si eludimos la importancia de nuestras emociones en las decisiones que tomamos a diario por generalizar a la relativa razón como única fuente de éxito.

La inteligencia emocional requiere de la capacidad de comprensión racional sobre datos que ignoramos sobre el mundo emocional, por ejemplo podrían ser las siguientes:

  • Para qué sirve una emoción.
  • De dónde viene una emoción.
  • Como se manifiesta una emoción.
  • Qué emociones existen.
  • Cómo se manifiesta en el cuerpo una emoción.
  • Al nivel neurológico, qué áreas están implicadas en las emociones.

Racionalizar no implica justificar y respondernos un «porque sí» todo el tiempo, en ese caso estaríamos creyendo nuestras propias mentiras. Racionalizar implica entender. La reacción emocional no se piensa, pero se entiende; el entendimiento de ese mundo emocional es lo que constituye la inteligencia emocional.

Aprender que una emoción es un impulso para la acción como lo describe Goleman (1995) y que es así, a través de estos impulsos como hemos logrado sobrevivir como especie (por ejemplo, si sentimos miedo nuestra fisiología se pone en marcha para luchar/huir o paralizarnos ante cualquier amenaza), pero si no entendemos que el miedo tiene una función en nuestra vida lo etiquetaremos con el objetivo de justificar nuestro desconocimiento como si fuera un invento, como algo perjudicial y tantos peyorativos más para la emoción en particular. Entender cómo se manifiesta el miedo nos facilitará la adaptación, la evolución, hasta llegar a lo que el filósofo alemán Nietzsche denominó «ubermensch» o superhombre. Seremos personas no solamente con inteligencia emocional, sino que, personas que han alcanzado la madurez espiritual, psicológica y física.

Daniel Goleman (1995): Para bien o para mal, nuestras valoraciones y nuestras reacciones ante cualquier encuentro interpersonal no son el fruto exclusivo de un juicio exclusivamente racional o de nuestra historia personal, sino que también parecen arraigarse en nuestro remoto pasado ancestral.

Cómo afecta la inteligencia emocional en el trabajo

Como se describió, la inteligencia emocional permite entender las propias emociones y las de los demás, algo parecido a lo que los griegos llamaban sofrosyne (la virtud del cuidado y la inteligencia del gobierno de la propia vida); lo que los cristianos denominan como templanza, esa capacidad de contener el exceso emocional. Esa virtud de autocuidado, autoconocimiento, gobierno y templanza que facilita la inteligencia emocional se evidencia en el trabajo que realizamos en las relaciones con clientes, colaboradores (empleados) y con empleadores (jefes), en la manera en que se afrontan o resuelven los problemas que surgen en el trabajo y en la determinación y pasión que se le dedica a las acciones laborales.

Ser esclavos de nuestra naturaleza

Un escaso control sobre la forma en que nuestro sistema límbico responde a los estímulos, de la ausencia del arte del contenerse o el diferir las pasiones (emociones), de la incapacidad de autorregularse (equilibrarse o calmarse), del analfabetismo emocional (el no poder describir lo que se siente o lo que sienten los demás) podrá concluir en dificultades para aprender, concentrarse, recordar y sobre todo en la toma de decisiones. El estrés que una respuesta normal del cuerpo ante las amenazas de la supervivencia, puede convertirse en un factor de conflictos laborales o problemas en el desempeño de las tareas del trabajo al no poder expresarlo y orientarlo a un objetivo.

El estrés es necesario, así como la felicidad, la tristeza y el enojo pero se debe saber con mucha inteligencia cómo poder expresarlas de formas saludables.

A continuación te compartimos algunas de las características de los efectos de la inteligencia emocional en el trabajo:

  • Empleados con mayor tolerancia a la frustración.
  • Empleadores con capacidad de discernimiento y liderazgo.
  • Empleadores capaces de comprender y empatizar con las necesidades de sus colaboradores y sus clientes o usuarios.
  • Empleados que suelen proponerse metas, ofreciendo sus habilidades para el desarrollo de la empresa o institución.
  • Relaciones entre compañeros colaboradores y empleadores con empatía.
  • Reducción de patologías mentales (depresión, ansiedad, problemas del sueño-vigilia, problemas en la conducta alimentaria).
  • Mayor productividad.

Cómo aplicar la inteligencia emocional en el trabajo

El avance hacia una concepción estratégica de las relaciones laborales parte de la utilización de los colaboradores (empleados y empleadores) como herramientas de ordenación y participación de conocimiento (aportación y colaboración de la inteligencia humana de los empleados) y la respuesta a las inquietudes del recurso humano (gestión de la inteligencia emocional de las relaciones laborales). Acontece de forma ineludible la reestructuración del ambiente laboral, los empleados desempeñan una función dentro de la organización como sujetos individuales que se diferencian en el sentido más visceral y original del concepto (diferentes perfiles formativos, orígenes, inquietudes retributivas, inquietudes personales y expectativas de desarrollo). La prosperidad de las organizaciones se basa en mejorar la salud de sus trabajadores; un acto contraproducente es el deducir que las necesidades de salud serán siempre las mismas para cada colaborador. Las expectativas de desarrollo en la que trabaja cada uno pueden no ajustarse completamente a las ofertas de la organización; los perfiles y experiencias formativas pueden no ser empleados o aprovechados por las organizaciones.

Para lograr relaciones laborales saludables desde esta dirección tan subjetiva de los empleados, se debe crear la sensación a cada uno de que sus expectativas profesionales no están comprometidas o compelidas a quedarse estancadas dentro de la organización, sino que, se enfocan en perspectivas de crecimiento y mejora. Este enfoque augura un crecimiento personal al empatizar y reconocer que cada empleado aporta sus capacidades al provecho colectivo, pero que también convive y socializa con otro ambiente, y por tanto vive otras experiencias que deben atenderse.

Cómo desarrollar la inteligencia en el ámbito laboral

A continuación te compartimos ocho estrategias para desarrollar la inteligencia emocional en el trabajo:

  1. Formación: procesos de capacitación de inteligencia emocional.
  2. Apoyo: ofrecer soporte psicológico a los colaboradores.
  3. Autoconocimeinto: ofrecer oportunidades para que cada uno de los colaboradores pueda auto conocerse (sus habilidades, sus dificultades y la expresión de sus emociones al nivel fisiológico).
  4. Motivación por el alcance de objetivos, metas y nuevos retos.
  5. Conocimiento del entorno (colaboradores), conocer la expresión subjetiva de sus emociones.
  6. Capacitación sobre lenguaje no verbal. Esto facilitará la lectura de las emociones de los interlocutores.
  7. Aprendizaje de habilidades sociales, como desarrollarla escucha activa, escuchar las ideas y los objetivos de cada colaborador.
  8. Cercanía y empatía, implica comprender más allá de las ideas y las emociones de los otros. Esto permite el reconocimiento y valoración de la historia personal de cada colaborador, así entendemos muchos por qué de sus reacciones.

Este artículo es meramente informativo, en Psicología-Online no tenemos facultad para hacer un diagnóstico ni recomendar un tratamiento. Te invitamos a acudir a un psicólogo para que trate tu caso en particular.

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Bibliografía
  • Daniel Goleman. (1995). La inteligencia emocional. Bantam Books.
  • Charles Darwin. (1872). La expresión de las emociones en el hombre y en los animales. John Murray. Reino Unido

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