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Causas de la ansiedad

 
Por José Emilio Alberola Colomar. 6 marzo 2020
Causas de la ansiedad

La ansiedad es una emocional normal y funcional que permite dar una respuesta rápida a favor de la supervivencia del individuo ante situaciones peligrosas o demandantes. El problema llega cuando la ansiedad no se gestiona correctamente y aparece de forma exagerada y sin tener utilidad. En estos casos suele desbordar a la persona que la presenta, que muchas veces no conoce el origen, las razones y las causas de la ansiedad.

En el presente artículo de Psicología-Online encontrarás toda la información necesaria para comprender por qué se da la ansiedad así como 5 claves para aliviarla.

Qué es la ansiedad y los síntomas que presenta

En cualquier momento de nuestra vida puede ocurrir un suceso inesperado que interpretamos como peligroso, amenazador o perjudicial y provocar un ataque de ansiedad: taquicardia, palpitaciones, opresión en el pecho, falta de aire, sensación de mareo e inestabilidad, temblores, sudoración, “nudo” en el estómago, náuseas, sequedad de boca, etc.

En la mayoría de los casos esta reacción psicosomática está justificada, es la respuesta natural y adaptativa de nuestro organismo ante un peligro.

Por qué tengo ansiedad sin motivo aparente

En ocasiones, nos encontramos ante un suceso que tiene lugar dentro de la normalidad de la vida cotidiana y que, de forma repentina y sin razón aparente (no presenta peligro o amenaza), produce un fuerte impacto emocional y un ataque desmedido de ansiedad que no puede achacarse a ninguna causa específica (a diferencia de las fobias en las que el ataque de ansiedad surge al presentarse el estímulo que la activa, o en el estrés postraumático cuando algún hecho del entorno le hace recordar a la persona el suceso traumático sufrido).

¿Por qué dan ataques de ansiedad?

Instantes después reaccionamos y nos preguntamos el porqué de este impacto y nos damos cuenta que, aunque el suceso podía tener alguna connotación perturbadora, no encontramos una razón que justifique la respuesta fisiológica tan intensa que se ha desencadenado y llegamos al convencimiento de que no debía haberse activado la alarma emocional, o al menos, no tan intensamente. Ante ello, es normal preguntarse por qué se da la ansiedad y cuáles son sus causas. ¿Por qué se da este fenómeno?¿Por qué un suceso aparentemente intrascendente genera una reacción fisiológica con la intensidad que lo haría uno con mayor carga emocional?

El origen de la ansiedad

La ansiedad puede surgir de forma espontánea en diferentes situaciones de la vida cotidiana que aparentan intrascendencia y no revisten una carga emocional apreciable y que, sin embargo, provocan una reacción emocional intensa en la persona. Dado que el origen de esta ansiedad no puede asociarse al estímulo externo, pues no presenta peligro, amenaza o perjuicio inmediato a la integridad física, debemos buscar el origen en el interior de la persona, esto es, aceptar que es el propio Yo psicológico (el self o sí mismo) el que se ha visto amenazado o vulnerado.Puede decirse que aunque la chispa que inicia el “incendio emocional” está en el estímulo externo, el foco principal del mismo es interno.

Un ejemplo típico de este fenómeno se observa cuando nuestra intervención en algún suceso no ha sido muy acertada, o bien cuando nos relacionamos con una persona, ya sea durante una conversación o en una relación espontánea y accidental, y esta emite un comentario negativo, un reproche, una llamada de atención sobre la conducta realizada, una crítica negativa, etc. hacia nosotros y, en esos momentos, percibimos un ataque de ansiedad provocado por la activación de alguna emoción negativa.

En estos supuestos, aunque pueden activarse diversas emociones, las más significativas son las llamadas emociones autoconscientes o autoevaluativas: la vergüenza, la culpa y el orgullo, que suelen ir asociadas a otras como el miedo, la ira o el asco. Aunque el orgullo es normalmente una emoción positiva (satisfacción por haber conseguido algo importante), a veces puede aparecer como negativa (soberbia, altanería, endiosamiento, altivez, engreimiento, egolatría, narcisismo, etc.).

Estas emociones surgen cuando se produce una valoración positiva o negativa de la persona en relación con una serie de criterios acerca de lo que constituye una actuación adecuada en diversos ámbitos, y tienen en común que la intensidad que presentan no es congruente con las características negativas que podían atribuirse al suceso mismo.

Las causas de la ansiedad

A continuación se exponen las 10 razones por las que la ansiedad existe, por las que se desencadena en situaciones inesperadas y por las que en ocasiones se vuelve disfucnionar y supone un problema para la persona que la presenta. Las causas de la ansiedad son las siguientes:

1. La valoración negativa de la propia persona

La causa de la reacción ansiógena que subyace en estos supuestos es la que los vincula a la autopercepción y valoración del Yo psicológico de la persona que se ha visto amenazado o perjudicado por el suceso ocurrido: pérdida de autoestima, sentimiento de culpa, sentido de la responsabilidad, ataque a las creencias y valores vitales como la libertad, la confianza, la justicia, el respeto, etc.

2. Las creencias irracionales

Tiene que ver por tanto con la vulnerabilidad de la persona ante un determinado estímulo del entorno que afecta negativamente a algunas creencias muy arraigadas: “tengo que hacerlo todo bien”, “la opinión de los demás es importante para mí”, “es injusto lo que me está pasando”, “debo asumir mis responsabilidades”, “no pueden tratarme así”, etc.

3. Un suceso dispara un pensamiento negativo

El origen de esta vulnerabilidad específica que “se despierta” de forma súbita e injustificada ante el suceso ocurrido puede estar relacionado con la asociación del suceso actual con uno pasado, esto es, la causa del ataque de ansiedad no sería el suceso actual en sí, sino su relación con alguna experiencia negativa del pasado con el que este se relaciona. Por tanto, debe existir en el suceso producido “algo” (una especie de señal o marcador) relacionado con el Yo y guardado en la memoria autobiográfica que ha desencadenado la alteración emocional sufrida.

4. Los juicios sobre nosotros/as mismos/as

Las experiencias se almacenan y contienen etiquetas que las identifican y sirven para recordarlas (activan la red neuronal que la representa), por lo que puede que este suceso actual haya presentado alguna de estas etiquetas provocando la activación del sistema emocional. En este sentido, hay que tener en cuenta que las emociones autoevaluativas tienen como antecedente algún tipo de juicio de la persona sobre sus propias acciones, esto es que hacemos una valoración negativa sobre algún aspecto personal o propio, alguna acción que hemos realizado. Y esta autoevaluación no tiene por qué ser ni consciente ni explicita, no tenemos necesariamente que darnos cuenta de que está ocurriendo.

5. Las experiencias tempranas

La génesis de esta asociación estaría en un primer suceso (normalmente durante la infancia, aunque también puede darse en cualquier momento de nuestra vida) en el que, a pesar de no revestir una gran trascendencia, concurrieron en él unas circunstancias personales concretas (falta de apego y cariño, sensación de abandono o rechazo, baja autoestima, ánimo depresivo, etc.) que propiciaron un fuerte impactó en el Yo psicológico (por ejemplo, sentirse humillado, avergonzado, difamado) y provocó una reacción emocional muy intensa que vendría acompañada de pensamientos como: “lo que hecho está mal”, “ha sido culpa mía”, “he hecho el ridículo más espantoso” “me han herido en mi orgullo”, “no estoy a su nivel”, etc. y quedaría grabada en la memoria emocional.

6. El condicionamiento de la respuesta emocional

Esta sobreexcitación del sistema emocional generó en la persona una hipersensibilidad del sistema emocional a este suceso que le hace muy vulnerable al mismo, originando una predisposición a reacciones emocionales de culpa, vergüenza, miedo, desconfianza, etc. ante sucesos donde se viese afectado este Yo, de forma que, cuando posteriormente se produce un segundo suceso que contiene algún elemento o factor (una etiqueta o marcador) que está representado también en el suceso primigenio el sistema emocional lo identifica como si fuera éste y provoca la misma respuesta que éste generó en su día, sin que esta activación provenga de la interpretación actual del mismo efectuada por el sistema cognitivo.

En este caso podría hablarse de un proceso de aprendizaje en el que la persona “aprende” esta respuesta emocional asociando ambos sucesos a través de la etiqueta o marcador común, y reaccionará así de forma automática en otras situaciones similares. Se trataría de una especie de aprendizaje condicionado (el condicionamiento pavloviano es una forma básica de aprendizaje que se basa en la asociación de respuestas emocionales a situaciones nuevas).

Una de las características más importantes de este tipo de aprendizaje es que implica respuestas automáticas o reflejas, no conductas voluntarias (la ansiedad asociada a un estimulo natural que generó temor, por ejemplo un accidente, es transferida a otro estimulo por condicionamiento. Además, existe evidencia a favor de las experiencias directas de condicionamiento, especialmente para la agorafobia y la claustrofobia, que se originan frecuentemente por experiencias traumáticas pasadas). Según lo anterior, puede decirse que la vergüenza, la culpa o el orgullo herido experimentados ahora, estarían condicionados por un suceso preexistente.

7. Las vivencias

Está demostrado que las experiencias vitales que generan fenómenos mentales (percepciones, pensamientos, emociones, sentimientos, intenciones, etc.) dejan una huella en nuestro sistema de redes neuronales, es decir, existe un correlato fisiológico de la vivencia y, además, que las experiencias similares se interconectan, de forma que estas huellas pueden reactivarse cuando la experiencia actual se parece a la original, aunque la similitud no sea completa (motivo por el cual parte de la preocupación actual es el recuerdo de momentos previos).

8. Las distorsiones cognitivas

Por otra parte, la vulnerabilidad de la persona y la intensidad de la respuesta emocional ante estos estímulos puede agravarse si intervienen distorsiones cognitivas (personalización, catastrofismo, percepción selectiva, etc.) o ésta se encuentra en un estado de ánimo alterado (ansioso-depresivo), pues algunos pensamientos negativos tienen más o menos fuerza en función del estado emocional y la perspectiva que tenemos en el momento en que aparecen.

9. La función de supervivencia

Un rasgo que acompaña a este fenómeno es que, a pesar de estar convencidos de la poca importancia del suceso, no podemos detener voluntariamente la intensa activación emocional producida. Seguimos sintiéndonos mal, los síntomas físicos desagradables no desaparecen y el recuerdo del suceso se convierte en un pensamiento perturbador que se inmiscuye en la realidad del momento presente interfiriendo en nuestra atención sobre lo que hacemos, vemos u oímos (afecta al contenido de la memoria operativa o de trabajo y no nos deja concentrarnos en lo que estamos haciendo: estudiando, trabajando, conversando, observando un paisaje, una película, etc.) debido a que se produce en nuestro estado de consciencia una superposición entre la representación de la realidad externa que percibimos en cada momento con nuestros sentidos y la del pensamiento perturbador sobre el hecho ocurrido (realidad interna que pugna por dominar a la externa) provocando así el estado mental de confusión y nebulosidad mental que tanto nos molesta.

Hay que tener en cuenta que el sistema emocional está diseñado para procesar la información, evaluarla y formular una respuesta de forma rápida dada la situación amenazante, dando preferencia a hacerle frente a la situación sobre otras tareas menos urgentes, por eso se inmiscuye en los pensamientos y acciones normales como un pensamiento recurrente y dominante para evitar que nos distraigamos y nos centremos en lo que nos amenaza.

10. La memoria emocional de la amígdala

Desde el plano fisiológico, la dificultad para desactivar de forma consciente y voluntaria la activación emocional y la ansiedad tiene que ver con una de las estructuras cerebrales que intervienen en el fenómeno: el complejo amigdalino. El neurofisiólogo Joseph Ledoux señala que la amígdala no requiere de un estímulo consciente para activarse y resalta la importancia de la vía de comunicación directa del tálamo con la amígdala en las reacciones emocionales. Esta vía permite que las respuestas emocionales se inicien en la amígdala antes de ser conscientes del estímulo que nos hace reaccionar o de que identifiquemos las sensaciones experimentadas, lo que puede interpretarse como una evidencia de que existe un procesamiento emocional precognitivo.

La memoria emocional primigenia se almacena en la amígdala y posee un enorme valor adaptativo. La función de este complejo amigdalino en relación a este fenómeno es:

  • En la amígdala se produce el proceso de evaluación sobre la importancia emocional de un estímulo concreto en función de las experiencias previas con este, acuña la experiencia como muy perjudicial y fortalece las conexiones neuronales que forman la huella psíquica que la representa.
  • La amígdala está relacionada con el aprendizaje y el mantenimiento del significado emocional de las señales sensoriales. Puede recordar los estímulos asociados con una experiencia perturbadora, de modo que en futuras exposiciones a los estímulos, la respuesta sea activada más eficientemente.
  • La amígdala también afecta a la estructuración de recuerdos mediante la asociación de recuerdos con estados emocionales, facilitando una mayor conexión y fijación de los elementos a recordar, permitiendo así su consolidación.

Aquí puedes ver más información sobre la amígdala y el sistema nervioso emocional.

Cómo aliviar la ansiedad

Para afrontar esta situación perturbadora y calmar la ansiedad son necesarias las siguientes claves:

1. Técnicas de relajación

La actuación debe dirigirse en primer lugar a reducir la ansiedad mediante alguna de las técnicas de relajación. Hay que comprender y aceptar que el primer impacto emocional no lo podemos evitar ya que se origina en la rama simpática del sistema nervioso autónomo y no podemos actuar sobre ella mediante la voluntad (la mayor parte de la actividad emocional del cerebro se produce de manera no volitiva).

2. Entreno de la atención

En condiciones normales, si evitamos pensar en el suceso, la alteración emocional irá disminuyendo con el paso del tiempo (salvo que pensemos en ello constantemente y se convierta en un pensamiento recurrente que mantendrá activado el sistema emocional). Para ello es aconsejable centrar el foco de nuestra atención en otras cosas, así evitaremos el pensamiento perturbador (siguiendo el método del psicólogo W. Mischel de “asignación estratégica de la atención” como técnica de autocontrol). Cuanto menos tiempo permanezca el pensamiento en la memoria, menos interferirá en nuestra cotidianidad y poco a poco se irán diluyendo los efectos psicosomáticos desagradables. La atención se puede entrenar con técnicas de meditación como el mindfulness.

3. Técnicas de autocontrol

Una cuestión a tener en cuenta es que en personas con un temperamento fácilmente excitable la emoción activada por el suceso suele ir acompañada de la ira, hostilidad o indignación y generar una respuesta automática de “contraataque” hacia la persona que “aparentemente” ha atacado a su Yo Psicológico, dando lugar a situaciones conflictivas que empeoran la situación. En estos casos la persona debería aprender a reprimir el impulso de reacción violenta hacia el otro mediante técnicas de autocontrol.

4. Introspección

Apartar el pensamiento puede ser una solución rápida y eficaz para el momento, pero la hipersensibilidad adquirida del sistema emocional ante estos estímulos perturbadores persistirá para situaciones futuras. Por eso sería interesante identificar qué emoción sentimos y descubrir cuál es el factor del Yo psicológico que se ha vulnerado en el suceso (autoestima, sentimiento de culpa o responsabilidad, creencias personales, etc.). Después habrá que averiguar qué suceso de nuestra vida supuso en aquel momento un impacto emocional muy grande y estableció las conexiones neuronales que se activan ahora en sucesos parecidos.

5. Psicoterapia: autoconociemiento y autoestima

En el momento en que conocemos el porqué de la activación del sistema emocional e identificamos la emoción que sentimos, empezamos a afrontar el problema. Guardamos distancia entre el Yo y el recuerdo perturbador (es interesante aquí poder distinguir, como sugiere William James, entre el “Yo” como observador y el “Mí” como objeto de la experiencia, esto es, entre el Yo que está sufriendo el ataque de ansiedad y el Yo consciente que observa este estado ansioso y no se deja dominar por él). Por último, sería conveniente introducir alguna técnica de terapia cognitiva que disminuya esta hipersensibilidad y la vulnerabilidad a este tipo de situaciones.

Este artículo es meramente informativo, en Psicología-Online no tenemos facultad para hacer un diagnóstico ni recomendar un tratamiento. Te invitamos a acudir a un psicólogo para que trate tu caso en particular.

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Bibliografía
  • Kandel, E.R. (2001). Principios de neurociencia. McGraw-Hill Interamericana. Madrid.
  • LeDoux, J. (1999). El cerebro emocional. Ed. Ariel-Planeta. Barcelona
  • Lewis, M. (2000). Self-conscious emotions: Embarrassment, pride, shame, and guilt. Nueva York: The Guilford Press.
  • Pavlov, I. (1997). Los Reflejos Condicionados. Ediciones Morata. Madrid.

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