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Claustrofobia: qué es, causas, síntomas y tratamiento

 
Por Bryan Longo. Actualizado: 20 noviembre 2019
Claustrofobia: qué es, causas, síntomas y tratamiento

Seguramente todos nosotros como seres humanos hemos tenido alguna experiencia que nos produzca un exorbitante temor. El temor nos paraliza y nos llena de angustia acerca de lo que pueda suceder minutos, horas o días después pero también puede desencadenar una respuesta vasovagal o noradrenergica en donde se nos agita el corazón, se nos congela la sangre, se nos ponen los pelos de punta, nuestras pupilas se dilatan y lo único que queremos hacer es salir corriendo de determinada situación. Lo que nos caracteriza como seres subjetivos es que no todos le tememos a las mismas cosas, algunos le temen con mayor intensidad a las alturas, otros a los animales, algunos a la sangre y un número muy considerable presenta un intenso temor a los lugares cerrados o con poco espacio. Es por eso que en este artículo de Psicología-Online te explicamos más sobre la claustrofobia, qué es, sus causas, síntomas y tratamiento tanto psicológico como farmacológico de esta fobia.

Qué es la claustrofobia

¿Qué significa claustrofobia? La claustrofobia es un tipo de trastorno de ansiedad en el que se presenta un miedo o ansiedad intensa por lugares con poco espacio o cerrados. Por ejemplo, algunos de estos lugares pueden ser los siguientes:

  • Elevadores.
  • Habitaciones pequeñas.
  • Túneles.
  • Vehículos con todas las ventanas cerradas.
  • Habitaciones con poca o nula iluminación.

Siendo el miedo o el temor una emoción natural y necesaria para la supervivencia en el humano, no se puede etiquetar como algo patológico o anormal. Se transforma en algo que requiere intervención psicológica cuando este miedo nos incapacita para funcionar adecuadamente o como solíamos hacerlo antes de que se presentaran los síntomas característicos. En el siguiente artículo encontrarás más información sobre qué es el miedo en psicología.

La claustrofobia forma parte de los trastornos de ansiedad del DSM 5 (2013), en una subcategoría denominada fobias específicas. La claustrofobia es, como su mismo nombre lo indica, un tipo de fobia caracterizado por su estímulo fóbico: los espacios cerrados.

Pero para poder realizar un diagnóstico de fobia específica, la respuesta de temor debe diferir de los temores normales y transitorios que se producen comúnmente en la población. Para que se cumplan los criterios diagnósticos, el miedo o ansiedad debe ser intenso y grave, aunque este miedo puede variar con la proximidad de la situación temida (los espacios cerrados) y puede suceder como anticipación de la misma o en exposición real a la situación. Por lo tanto, una persona que siente ansiedad solo raras veces cuando se le expone a espacios cerrados no sería diagnosticada (por ejemplo, si una de cada cinco veces manifiesta ansiedad al estar en lugares cerrados o reducidos).

Sin embargo, el grado de temor o ansiedad puede variar en diferentes momentos de la exposición a los espacios cerrados debido a diversos factores contextuales, como la presencia o acompañamiento de otras personas, la duración en la que se mantiene dentro de los espacios cerrados y el tamaño de la habitación y la cantidad y el tamaño de las posibles salidas (puertas y ventanas).

El DSM 5 (2013) expone que se debe tener en cuenta el ámbito sociocultural del individuo al momento de diagnosticar claustrofobia. Por ejemplo, el miedo a la oscuridad puede ser razonable en contextos de violencia continua o el miedo a los espacios cerrados puede ser razonable por enfermedades que impliquen una obstrucción de las vías respiratorias.

Sobre todo, para poder diagnosticar a una persona con claustrofobia, la fobia debe causar un malestar clínicamente significativo o deterioro social, laboral o en otras áreas importantes de la actividad.

Causas de la claustrofobia

Los factores de riesgo o posibles causas de la claustrofobia que nos presenta el DSM 5 (2013) son los siguientes:

  • Ambientales: como la sobreprotección de los padres, la pérdida de los padres, el maltrato físico, los abusos sexuales y las experiencias perjudiciales en lugares parecidos a los estímulos fóbicos.
  • Genéticos y fisiológicos: puede haber una susceptibilidad genética a la claustrofobia (por ejemplo, una persona con un familiar de primer grado que haya sufrido el mismo temor intenso y marcado a los lugares cerrados es significativamente más propensa a tener la misma fobia).
  • Temperamentales: una afectividad negativa o inhibición conductual contribuyen para la aparición de este trastorno fóbico.

Diferencia entre claustrofobia y trastorno delirante

En respuesta a las ideas delirantes de pacientes con esquizofrenia o un trastorno delirante, en ocasiones, estos evitan objetos. Por tanto, puede aparecer el mismo síntoma que en la claustrofobia: evitar los lugares cerrados o reducidos. Sin embargo, la diferencia marcada entre estas dos patologías es que en la esquizofrenia y el resto de trastornos psicóticos se presenta con una anosognosia (el desconocimiento de la enfermedad o la situación referida a los pacientes que no tienen percepción de sus déficits funcionales). Mientras que en la claustrofobia, quien la presenta es consciente de ello.

Síntomas de la claustrofobia

Según el DSM 5 (2013) los síntomas de la claustrofobia son los siguientes:

  • Persistencia de un mecanismo de afrontamiento de evitación del estímulo fóbico.
  • Muchas veces sus síntomas se presentan en forma de crisis de pánico completa o limitada (esperada o inesperada)
  • Sensación de falta de aire.
  • Aumento de la frecuencia cardíaca.
  • Hiperhidrosis (sudoración excesiva).
  • Temblor o sacudidas.
  • Sensación de ahogo.
  • Dolor o molestias en el tórax.
  • Náuseas o malestar abdominal.
  • Agitación motora.
  • Hiperventilación.
  • Sensación de mareo, inestabilidad, aturdimiento o desmayo.
  • Escalofríos o sensación de calor.
  • Parestesias (sensación de entumecimiento o de hormigueo).

Comprendemos entonces que la persona diagnosticada con claustrofobia no tiene miedo al espacio cerrado en sí mismo, sino a las posibles consecuencias desagradables de estar en el lugar. Como por ejemplo, a quedarse encerrado para siempre o sufrir de asfixia por la poca cantidad de aire que hay en el lugar, la limitación de los movimientos (mover los brazos, piernas o cabeza).

Cuando la persona con claustrofobia anticipa que entrará o entra en un espacio cerrado experimentará la reacción noradrenérgica y/o vasovagal: mareos, aumento de la frecuencia cardíaca o cualquiera de los anteriores enlistados. A causa de estos síntomas, generalemente se evitan los espacios cerrados (por ejemplo toma las escaleras en lugar del elevador).

Cómo superar la claustrofobia: tratamiento

La claustrofobia suele complicar en algunos aspectos la vida de la persona que la presentan. Un ejemplo habitual es la prueba médica de la resonancia magnética, pues para realizar dicha prueba el paciente debe estar dentro de un aparato cerrado en forma de tubo. Por ello, es importante aplicar un tratamiento eficaz para la claustrofobia con el objetivo de mejorar la calidad de vida del paciente.

Claustrofobia: tratamiento psicológico

A continuación se presentan dos tipos de técnicas conductuales para la intervención psicológica de la claustrofobia:

  • Terapia de inundación o flooding: Celedonio Castanedo (2008) expone que en la terapia de inundación se crea una situación imaginaria o in vivo, en la que el paciente es expuesto a situaciones que le producen ansiedad mientras se hace todo lo posible por impedir que se produzcan respuestas de evitación o escape como distraerse, quedarse dormido o dejar de imaginarse la situación arguyendo cansancio, pereza o dolor de cabeza. Es uno de los tipos de las técnicas de exposición. Aunque se han encontrado ciertos riesgos cuando el paciente decide suspender el tratamiento por lo invasivo que suele ser el tratamiento pero crea un resultado más rápido que la desensibilización sistemática, que es un tanto más estructurada y con un proceso de mayor duración.
  • Desensibilización sistemática: Según Celedonio Castanedo es una técnica creada por J.Wolpe en el que su procedimiento básico se establece una lista de situaciones en las que se incorporan estímulos claves encontrados en el análisis de los componentes de la respuesta de ansiedad. Estos estímulos se incluyen tácticamente de modo que las situaciones tengan la capacidad de evocar ansiedad, con diferentes grados de intensidad, entonces se le pide al paciente que se imagine a sí mismo experimentando esas situaciones. Después, de acuerdo con la intensidad de la ansiedad experimentada, la lista de situaciones se estructura en una jerarquía que empiece con situaciones que producen los niveles más bajos de intensidad y que termine con las más ansiógenas. La desensibilización sistemática consiste entonces en pedirle a la persona con claustrofobia que, estando relajado (para ello se habrá entrenado en técnicas de relajación previamente), imagine varias escenas que le provoquen cada una de ellas mayor reacción que la anterior. La presentación repetida en imaginación, mientras el sujeto está relajado, de los estímulos fóbicos, produce el debilitamiento gradual y la eliminación de las respuestas de ansiedad.

Claustrofobia: tratamiento farmacológico

Los fármacos de primera elección por sus reducidos efectos secundarios son los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS), cada uno de ellos deben ser recetados y controlados por un profesional clínico. A continuación se presenta el fármaco más efectivo en el tratamiento de fobias específicas (claustrofobia):

  • Escitalopram: generalmente clasificado como antidepresivo, pero no sirve solo como antidepresivo.

¿Cómo funciona? Mejora la transmisión de serotonina, bloquea el proceso de recaptación de la serotonina, desensibiliza los receptores de la serotonina e incrementa la transmisión serotoninergica.

¿Cuánto tarda en hacer efecto? Los efectos no son inmediatos, generalmente hasta la segunda o cuarta semana. Si no hay efectos de seis a ocho semanas se puede requerir una dosis mayor o puede que no se consiga ningún efecto y entonces se puede cambiar por otro fármaco o añadir otro fármaco como coadyuvante. La dosis usual es de 10-20 mg por día y se llega a incrementar a 20mg por día si es necesario (una toma por la mañana y una por la tarde). Sus vías de administración pueden ser por tabletas, capsulas o solución oral. Los nombres comerciales son Lexapro, Celtium y Meridian.

Se deben tener en cuenta sus efectos secundarios y sus respectivas interacciones con otros fármacos. Por ejemplo, con el tramadol, los bloqueadores de la monoaminoxidasa, el triptan y los anticoagulantes.

Este artículo es meramente informativo, en Psicología-Online no tenemos facultad para hacer un diagnóstico ni recomendar un tratamiento. Te invitamos a acudir a un psicólogo para que trate tu caso en particular.

Si deseas leer más artículos parecidos a Claustrofobia: qué es, causas, síntomas y tratamiento, te recomendamos que entres en nuestra categoría de Psicología clínica.

Consejos
  • Para aprender a controlar la ansiedad que se genera en situaciones de claustrofobia, es importante saber escuchar al propio cuerpo, detectando cuándo se está poniendo tenso, para poder poner en marcha las técnicas de relajación en las que se instruirá al paciente en las terapias conductuales.
  • La anticipación. La tendencia instaurada en el claustrofóbico de hacer predicciones y anticipaciones negativas sobre lo que va a pasar al entrar en un espacio cerrado (no poder moverse, asfixiarse…). Para ello se emplean técnicas cognitivas dirigidas a mantener la incertidumbre con un nivel normal d
  • Antes de entrar en un espacio cerrado, para y respira profundamente.
Bibliografía
  • American Psychiatric Association. (2013). Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM 5). Editorial Panamericana.
  • Castanedo Secadas, C. (2008). Seis enfoques psicoterpéuticos. Editorial El Manual Moderno. Ciudad de México.

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