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¿La personalidad se hereda? Formación y rasgos

 
Por José Emilio Alberola Colomar. Actualizado: 10 diciembre 2019
¿La personalidad se hereda? Formación y rasgos

La personalidad es un constructo psicológico sobre el que existe una extensa variedad de definiciones, pero todas señalan como elementos constitutivos a un conjunto de cualidades y características inmanentes y estables de la persona a las que se denominan rasgos y que se manifiestan a través de la conducta. Este conjunto de rasgos, ¿de dónde viene? ¿La personalidad de hereda o se aprende? En este artículo de Psicología-Online descubrirás los secretos de la formación de la personalidad.

Dimensiones de la personalidad según el modelo de los Cinco Grandes Factores de Costa y McCrae

Tomando como referencia el modelo de los Cinco Grandes Factores (MCF) de McCrae y Costa que postula que la personalidad puede ser explicada por un conjunto de rasgos primarios, estables y consistentes que constituyen por definición modos permanentes de pensar, sentir y comportarse, pueden señalarse un amplio espectro de rasgos posibles entre los extremos máximo y mínimo de cada uno de los cinco factores:

  1. Neuroticismo o inestabilidad emocional: abarca desde la agresividad, hostilidad, impulsividad y ansiedad, a la calma, el equilibrio, la empatía y la tolerancia.
  2. Extraversión: es un factor importante en el establecimiento y mantenimiento de las relaciones sociales, incluye desde la persona sociable, divertida, amistosa y afectiva a la distante, retraída, sobria y reservada. Aquí encontrarás las diferencias entre la introversión y la extraversión.
  3. Apertura a la experiencia: indica la receptividad a emprender nuevas acciones frente a la habituación y la rutina, a la búsqueda de nuevas ideas y aceptación de nuevos valores. Abarca desde el comportamiento original, imaginativo y curioso, al convencional, prosaico e indiferente.
  4. Cordialidad: definida por la disposición a confiar en las personas, a ser francas, altruistas, amables, bondadosas e indulgentes frente a la irritable, despiadado, vengativa y grosera.
  5. Responsabilidad: referida a un acentuado sentido de la obligación y el deber con uno mismo y con los demás. El rango va desde la persona escrupulosa, organizada, confiada y cuidadosa a la negligente, desorganizada, desconfiada y descuidada.

La formación de la personalidad

Dado que hemos definido la personalidad como un conjunto de rasgos, la cuestión a tratar será describir cómo se forma un rasgo. En esta labor intervienen dos estructuras cerebrales que se complementan: una estructura biológica que determina las capacidades potenciales de la persona para pensar, sentir y actuar; y otra psicológica que precisa el contenido de los pensamientos, emociones y conductas concretas en respuesta a los estímulos ambientales que surgen de su relación habitual con el entorno (la personalidad sería así el resultado de la asociación de su biología y su biografía).

La estructura biológica de la personalidad

La estructura orgánica y funcional del cerebro constituye el soporte físico de los procesos mentales que proporcionan las capacidades psíquicas necesarias para la percepción de uno mismo y para el establecimiento de relaciones con su entorno, interpretando los estímulos provenientes de este y eligiendo la respuesta a los mismos. La importancia de esta estructura en la formación de los rasgos puede comprobarse en aquellos casos en los que las anomalías de esta provocan trastornos de la personalidad, como la paranoide, antisocial, obsesivo compulsiva o límite.

Estructuras cerebrales y rasgos de personalidad

Se ha comprobado que los rasgos relacionados con la ansiedad, los miedos condicionados o la evitación del daño están asociados a una mayor actividad de la amígdala y el sistema serotoninergico, mientras que la impulsividad, búsqueda de sensaciones nuevas o psicoticismo se relacionan principalmente con el núcleo estriado y el sistema dopaminégico.

Relación entre los cerebrales y la personalidad

Considerando que la personalidad refleja la forma de pensar, sentir y actuar de la persona, las estructuras cerebrales que hacen posible estas funciones se encuentran en los sistemas cognitivo, emocional y motriz; y la formación, organización y funcionalidad de los mismos viene determinada por las características genéticas de la persona (el genoma). En este sentido, una premisa básica de la genética conductual es que cualquier característica psicológica observable, como los rasgos de personalidad, está codificada genéticamente. Asimismo, el psicólogo alemán Hans Eysenck afirmaba que las variables de personalidad tienen una clara determinación genética, incluyen estructuras fisiológicas y hormonales concretas, y son contrastables mediante experimentos científicos, concluyendo que se trata de un modelo psicobiológico de la personalidad.

La función principal de estos tres sistemas cerebrales en la construcción de los rasgos de la personalidad consiste en proporcionar las siguientes capacidades:

  1. Sistema cognitivo: capacidad para interpretar y valorar los sucesos del entorno (razonamiento) y para percibir los propios estados mentales (introspección) resultantes de esa labor.
  2. Sistema emocional: capacidad para reconocer y expresar las propias emociones (emocionalidad), ser receptivo a las emociones de los demás y compartirlas (empatía).
  3. Sistema motriz: capacidad para responder de forma apropiada al estímulo presentado (impulsividad) teniendo en cuenta las circunstancias en las que tiene lugar.

La química cerebral y la forma de ser

Utilizamos estas capacidades para procesar la información recibida del entorno con el fin de comprender el mundo que nos rodea y elegir la forma de relacionarnos con él. Un factor fundamental en el procesamiento y transmisión de la información es el tipo y la concentración de neurotransmisores y receptores sinápticos que actúan como mediadores en los procesos cognitivos, emocionales y motrices que intervienen en la formación de un determinado rasgo.

Por ejemplo, niveles bajos de serotonina se asocian a una deficiente regulación emocional (distimia, agresividad, mal humor, pensamientos negativos, etc.), y niveles bajos de dopamina se asocian con problemas de ansiedad social, apatía, anhedonia, etc., mientras que niveles altos lo hacen con hiperactivación, hipersexualidad e hipersocialización.

También intervienen las hormonas (sobre todo las tiroideas y las suprarrenales), así, la apatía física, emocional y mental puede deberse a niveles bajos de catecolaminas (adrenalina y noradrenalina) o niveles bajos de hormonas tiroideas, y las personas más extrovertidas tienen niveles altos de catecolaminas mientras que las más introvertidas, calladas y tranquilas tienen niveles más bajos. Igualmente, hay una estrecha relación entre la conducta característica de la persona agresiva y niveles de testosterona más elevados.

Estas capacidades están disponibles en cualquier persona, pero no contribuyen en igual medida a la formación de su personalidad, ya que la potencialidad y el grado de desarrollo de cada capacidad varían según la persona (depende del genoma). En realidad, lo que determina la capacidad es una tendencia o predisposición hacia una forma concreta de interpretar los estímulos, valorarlos y elegir una respuesta, aspectos que son fundamentales en la formación del rasgo.

Así, una gran capacidad cognitiva originará una predisposición hacia rasgos de seguridad en sí mismo, autosuficiencia y autocontrol, sin embargo, una capacidad reducida lo hará hacia rasgos de prudencia, retraimiento, inseguridad o desconfianza. Igualmente, una alta sensibilidad emocional la dirigirá hacia rasgos de sociabilidad, amabilidad, solidaridad y afectividad, mientras que una baja lo hará hacia agresividad, intolerancia o autoritarismo. Lo mismo ocurrirá en casos de alta o baja impulsividad, que fijará la tendencia hacia una respuesta activa (emprendedor, inquieto, impaciente) o pasiva (sumiso, sosegado, tranquilo).

El temperamento: la parte heredada de la personalidad

Esta tendencia o predisposición de origen genético hacia un rasgo u otro constituye la base del temperamento. Según los psicólogos y genetistas Arnold Buss y Robert Plomin, el temperamento sería “los rasgos de personalidad heredados, presentes desde el nacimiento y tienen una mayor base genética”. Por medio del análisis factorial, ambos autores identificaron tres dimensiones de temperamento sobre los que es posible hablar de influencia genética:

  1. Emocional contra impasible. La persona emocional es excitada con facilidad y responde con mayor intensidad que la impasible.
  2. Activo contra letárgico. La persona activa por lo general está ocupada y con prisa en comparación con el letárgico de ritmo más lento.
  3. Sociable contra separado. La persona sociable busca a los demás y tiene preferencia por estar con otras personas, sin embargo la persona separada tiende a preferir estar sola.

Además, Buss sugirió que los temperamentos son considerados como una subserie de rasgos de personalidad delineados por manifestación en el primer año de vida, perseverancia posterior y transmisión genética. La emocionalidad, la actividad y la sociabilidad son tres rasgos de personalidad que cumplen estas medidas. Lo que es heredado tienden a encajar en un rango particular en cada una de las dimensiones de los temperamentos.

La estructura psicológica de la personalidad

Según se ha señalado anteriormente, la estructura biológica define tendencias de conducta dentro de un espectro determinado de rasgos, pero no especifica ni determina la conducta a seguir ante un estímulo concreto que se nos presenta. No nos dice, por ejemplo, por qué interpretamos que un estímulo es beneficioso o perjudicial y cómo debemos actuar en virtud de las circunstancias. Por tanto, la cuestión que se plantea es: ¿cómo se elige una acción en respuesta al estímulo percibido y cómo esta se mantiene en el tiempo hasta formar un rasgo?

De predisposición a rasgo de personalidad

Esta tarea depende fundamentalmente de la forma en que la persona utiliza y desarrolla las capacidades psíquicas mencionadas para elaborar pensamientos, afectos y conductas. Esta función se realiza a través de la estructura psicológica, que contiene las instrucciones necesarias para percibir un estímulo del entorno, interpretarlo, darle un significado y una valoración y elegir la respuesta al mismo (se sigue el modelo de estímulo-respuesta). En este sentido podría decirse que la estructura psicológica no modifica la estructura biológica, sino que la “gestiona” para adaptarla a los requerimientos de los estímulos ambientales.

La influencia del entorno

Estas instrucciones están contenidas (según el modelo funcional de la mente) en los diversos programas mentales: percepción, atención, evaluación, interpretación, memoria, emotividad, motivación, intencionalidad, elección, etc., que se van generando mediante el aprendizaje obtenido a través de la interacción de la persona con su entorno cercano, ya sea familiar, laboral o social (la figura del apego es importante). Es, por tanto, el ambiente en el que se desarrolla una persona (en el que la cultura reinante tiene una gran influencia) la fuente de conocimientos, creencias, tradiciones, vivencias, valores morales, motivaciones, etc. que contribuyen a la formación de estos programas.

En este sentido, Buss y Plomin sugieren que diversas disposiciones innatas o heredadas que contribuyen a la estructuración de la personalidad son influidas por la interacción con el ambiente y que esta interacción es importante en particular en la infancia temprana, aunque hay límites en cuánto puede modificar el ambiente la disposición básica.

Pero cada situación viene acompañada de unas circunstancias ambientales distintas, por lo que la respuesta conductual vendrá necesariamente influenciada por ellas (por ejemplo, una persona reservada puede no manifestar ese rasgo en la misma forma siempre, en todo momento y en todo lugar, lo será en mayor o menor medida según las circunstancias). La forma de averiguar si un rasgo dado es invariante o independiente de la situación ambiental es investigar su comportamiento en diversas situaciones y, si el rasgo sigue manifestándose igual, se entiende que es invariante y forma parte de la personalidad.

El papel de las emociones en la consolidación de los patrones de conducta

En cuanto a la transformación de una determinada conducta en un rasgo de la personalidad dependerá de la evaluación del resultado de la misma. Una conducta es considerada adecuada y se mantendrá constante y estable hasta convertirse en rasgo siempre que resulte útil para conseguir el objetivo esperado y estemos convencidos de que es la correcta, y esto depende en gran medida de la reacción del sistema emocional ante el resultado observado, de forma que si este nos hace “sentir bien” (se activa el sistema de recompensa aumentando la liberación de dopamina que genera un estado de bienestar) hará que la respuesta conductual se repita y, tras sucesivas repeticiones satisfactorias, se convertirá en rasgo. Pero si nos causa desagrado e insatisfacción (se activa el sistema amigdalino) disminuirá la probabilidad de que se repita.

A este respecto, el psicólogo Jeffrey Alan Gray (1970) presentó su teoría factorial-biológica sobre la estructura y las bases de las diferencias interindividuales en la personalidad y describió dos mecanismos biológicos principales que determinan las tendencias de comportamiento. Denominó a uno de ellos “mecanismo de aproximación conductual” y al otro “mecanismo de inhibición conductual”; estos serían equivalentes a los factores básicos de la personalidad, que tendrían una base fisiológica. Este sistema conductual favorece la aproximación a estímulos y situaciones novedosas y se activa principalmente ante la posibilidad de obtener un refuerzo, a diferencia del mecanismo de inhibición conductual, que depende del castigo.

El carácter: la parte aprendida de la personalidad

El conjunto de rasgos generados por la estructura psicológica a través de este procedimiento configura el carácter. Ernest Kretschmer, investigador alemán sobre la constitución del carácter, afirma que este “resulta del conjunto de las características biológicas fundamentales basadas en los sustratos anatómico-fisiológicos de la constitución individual y de las características que se desarrollan bajo la influencia del ambiente y de especiales experiencias individuales. Esto significa que el carácter forma parte de un proceso y está en nuestra manera de relacionarnos con el entorno y con los fenómenos internos de nuestra mente, por tanto, no es algo que permanezca fijo”. Ahí entonces, se respondería a la típica pregunta: ¿se puede cambiar de personalidad? Como vemos, una parte sí se puede moldear.

Este artículo es meramente informativo, en Psicología-Online no tenemos facultad para hacer un diagnóstico ni recomendar un tratamiento. Te invitamos a acudir a un psicólogo para que trate tu caso en particular.

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Bibliografía
  • Buss, A. H. & Plomin, R. (1984). Temperament: Early Developing Personality Traits. Hillsdale, N. J.: Erlbaum.
  • Eysenck, H. (1970). Bases biológicas de la personalidad. Barcelona. Fontanella
  • Gray, J. A. (1970). The psychophysiological basis of introversion-extraversion. Behaviour Research and Therapy.
  • Kretschmer, E. (2000). El delirio sensitivo de referencia. Madrid, Triacastela.
  • McCrae, R. y Costa, P. (2003) Personality in Adulthood: A Five-factor Theory Perspective. Guilford Press.

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